03 de octubre de 2019
03.10.2019
La Opinión de A Coruña
Girona31Deportivo

El Dépor se ahoga en sus propias miserias

Una desastrosa primera parte y dos errores de Lampropoulos condenan al equipo coruñés a volver de vacío de Montilivi. El farolillo rojo se acerca y la continuidad de Anquela sigue en el aire. La sentencia, el domingo

03.10.2019 | 23:17
El Dépor se ahoga en sus propias miserias

No fue un 6-0, pero sí un 3-1 que no invita a pensar en una reacción, en un viraje de volante en este Dépor. Fue más de lo mismo en Girona. Es machaconamente regular en sus miserias, esas que le han vuelto a ahogar en el arranque del duelo y cuando acariciaba el empate. Un nefasto funcionamiento colectivo combinado con fallos de infantiles le condenan esta vez en Montilivi ante un rival superior, pero dubitativo, al que le podía haber hincado el diente. Lampropoulos es hoy la imagen del desastre de este equipo. Dos errores impropios de un futbolista profesional fueron la puntilla hoy a un proyecto pillado con alfileres. El farolillo rojo se acerca, la continuidad de Anquela en el aire.

El técnico no se quiso guardar nada en el primero de los dos ultimatum que tendrá esta semana. Parecía cantada la titularidad de Peru, casi la de Longo, sorprendió también con la de Jovanovic. No escondía nada el jienense. No era un día para quedarse a medias, aunque precisamente eso fue lo que hizo su equipo en el primer acto. Ni sacó la pelota jugada ni ganó un duelo en el juego aéreo ni en las segundas jugadas. Ni presionaba arriba ni se juntaba atrás. Tampoco fue contundente en los centros laterales ni encimando a los peligrosos jugadores catalanes en ataque. Manga por hombro. El poco tiempo que tenía el balón tampoco podía respirar. Con Aketxe y Longo desaparecidos, no le duraba nada la pelota, estaba impreciso. Sus únicos y esporádicos latidos en ataque llegaban con los compulsivos desmarques de Jovanovic. Peru, llamado a ser el mesías por la necesidad, tampoco fue la solución a los males.

Entre centros laterales, multitud de saques de esquina y maniobras en ventaja de Stuani, el Dépor fue resistiendo. Tenía miedo, también el Girona, que no estaba en buen momento, pero al menos tenía las ideas claras. Sabe a lo que juega. Asomando el ecuador del primer acto, llegó la primera jugada que condenó a los coruñeses. Lampro le envió un balón envenenado a Peru, el vasco arriesgó, no fue capaz de reconducir la situación y acabó llegando la pelota a los pies de Stuani. El uruguayo la mandó al palo y Borja García no falló en el rechace, mientras el griego volvía a dar metros y metros para que se pensase el remate. 1-0. Una serie de fallos individuales, un caos el funcionamiento colectivo. Así avergüenza este Dépor.

Anquela se dejaba la vida y cabeceaba, mientras veía el espectáculo. Estaba deseando que llegase el descanso con la desventaja mínima para a ver si así era posible obrar el milagro en el intervalo. El bombardeo gerundés no cesaba, el Dépor seguía aculado, sin pelota y viendo la portería de Juan Carlos con prismáticos. Hundido y a merced.  La puntilla llegó con el gol de Marc Gual en el que pudo haber una falta a Álex. 2-0. Tampoco puede servir de excusa. El resultado fue hasta corto en ese periodo, casi llega el 3-0. Otro desastre esta primera parte, uno más, el de cada semana.

El Dépor volvió a hacer en el descanso ese amago de lavado de cara que acostumbra. Tras el desastre, busca recomponerse y lo hace lo mínimo, pero en muchas ocasiones consigue meterse en los partidos. Y ayer lo logró durante muchos minutos. Subió líneas, se ajustó, atacó como pudo. Cambió de nuevo el libreto, otra pista más de lo perdido que está como equipo. Aun así y a pesar de la leve mejoría, el tanto de la esperanza llegó en una jugada aislada. Borja Valle acababa de salir al césped y, en cuanto enganchó la pelota, tuvo claro que tenía que hacer su jugada preferida. Diagonal hacia la portería, eslalom horizontal en paralelo al área y disparo a la esquina en bote. 2-1, marca de la casa.

El equipo coruñés se vio entonces en la tesitura de tener que remontar. Algo de rebeldía mostró, le falta fútbol, pausa, maña, plan. Todo, lo de siempre. La imagen de la frustración y de la impotencia era Anquela que acompañaba las presiones arriba por la banda. El partido estaba roto. Hubo centros al área, empuje. Nada muy palpable. Aun así, olía a 2-2. Pero, cuando como equipo funcionaba algo mejor, le volvió a empujar al precipicio un error individual. A falta de diez minutos, Lampropoulos arriesgó en una salida de balón, la perdió y Stuani no erró al remachar en la contra. 3-1 y ahí murió el duelo. Era el segundo error de bulto del griego durante la noche, aunque en el primero comparte la paternidad con Peru. No son los primeros que comete esa temporada. Al acabar el partido fue a pedirle perdón a los aficionados del Dépor. Este Dépor no se puede permitir su peaje ni el de un equipo tan poco trabajado e inseguro a golpe de octubre. Las condenas llegan en verano, pero se fraguan haciéndolo muchas veces rematadamente mal durante la temporada y el Dépor cumple este desgraciado guion.

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