Fue un golpe duro, seco, que descargó con la fuerza de un gol en el 97 tras resistir media hora con uno menos. Asestó también con la contundencia de todos los errores y desgracias anteriores. Nada nuevo. El Dépor se queda en la orilla en Badajoz cuando acariciaba un punto insípido que, al menos, premiaba su ejercicio de resistencia a falta de un golpe de autoridad inexistente en el resto del duelo. La derrota le deja sin Soriano y Olabe para el partido clave ante el Racing en Riazor y, sobre todo, con la posibilidad de ver el ascenso directo a diez puntos si gana el Córdoba. Siempre le quedará el play off, pero corre el peligro de perder su gran objetivo de la temporada cuando no ha llegado ni siquiera al mes de enero. Inasumible para un proyecto como el del Dépor en Primera RFEF.  

Aún con los efluvios de la tanda de penaltis y de la eliminación de España, saltaba al césped del Nuevo Vivero con la idea de seguir con su caza a distancia. El Castilla no había fallado, el Alcorcón sí que había tropezado. El miércoles jugará en más campos. El Dépor y Óscar Cano saben desde hace tiempo que desfilan sobre un alambre. Sin red, sin margen, menos después del empate de hace unos días ante el Córdoba. Ahora juegan y llevan ritmo, pero su déficit de puntos es evidente. Es una línea angosta, de la que no piensa moverse y por eso va semana a semana tocando lo justo y necesario en su once. Cano barajó repetir y solo hizo una modificación. El gran candidato era Villares para arrebatarle el puesto a Olabe y, finalmente, fue Pablo Martínez el que dejó a Jaime en el banquillo. Buscaba contundencia para su zaga y pretendía encontrarla en el francés. Ni el viento a favor de los buenos resultados aguantó a la pareja de centrales más clásica de los últimos tiempos. 

Badajoz - Deportivo LOF

El Dépor salió fuerte, con idea mandar, sin miedo, confiando en lo que iba a hacer. Es un equipo que juega más, tampoco en exceso, pero sobre todo que confía muchísimo más en todo lo que hace. Le costó domar a un Badajoz vertical, versátil, al que le pirraba transitar. Adilson, una pesadilla, estaba casi siempre al mando de las operaciones extremeñas. De hecho, en el primer acto se jugó muchos más minutos a lo que deseaban los pacenses que a lo que quería el Dépor. El equipo coruñés iba al choque, se fabricaba sus ocasiones dominando varios registros, pero le era muy difícil robar arriba y embotellar a su contrincante para atacar en posicional. Duelo de estilos con un Badajoz que quería y un Dépor que daba la sensación de poder hacer más, pero que se quedaba a medio camino. Sin personalidad.

Y uno de los indicadores es que, aunque el Badajoz intentó más ataques, los más fructíferos, lo que estuvieron más cerca del deseado tanto fueron los jugadores del Dépor. Antoñito se hartó de subir y centrar desde la banda. Al primero o al segundo palo, no al tercero, como se lo ha prohibido su técnico. En una de esas acciones, un disparo de Raúl Carnero puso a prueba al exfabrilista Royo tras habilitarle Rubén Díez. Minutos antes Quiles casi marca en un chut lejano tras una arrancada de un activo Mario Soriano. El Dépor volvió a apretar en los últimos minutos del primer acto, inclinaba el campo y parecía acariciar el 0-1. Llegó el descanso. Todo quedaba en el aire.

El Dépor se pareció en poco o nada a lo que se atisbó en la primera parte. Cuando parecía que iba a llegar su momento se produjo el desastre. El Badajoz ya de por sí salió algo más activado tras el paso por vestuarios, aunque con una tónica de cierta igualdad en el choque. Avisó con una ocasión clara de Calderón generada por el incombustible Adilson en el minuto 48. Mario Soriano respondió activándose en la mediapunta unos instantes después.

Badajoz - Deportivo LOF

Tras el tanteo y aún atolondrado por su salida en falso de vestuarios, el Dépor aceleró los cambios, ya fuese porque no le gustaba a Cano lo que venía en el terreno de juego o porque era el momento de reservar jugadores en una semana muy cargada. Tenía más minutos que nunca Yeremay, apostaba por el 4-2-3-1 y en breve saldrían también Trilli y Gorka. El técnico buscaba un cambio y llegó, no como lo deseaba, con accidente posterior incluido.

Antes de la imprudente roja de Soriano, al Dépor ya se le veía descolocado con las modificaciones. Casi marca el Badajoz en un cabezazo que fue al palo. Pero, por encima de todo, ya había perdido fuerza en el centro del campo y no pisaba el área contraria. Iba camino del naufragio antes de ese pistón del madrileño, que simplemente lo aceleró.

La roja abocó al Dépor a un ejercicio de resistencia en el que, más allá de algún susto de Adilson, estaba saliendo bien parado. Se pertrechó, despejaba todo y salía más o menos indemne. Acariciaba ya ese punto, que le descabalgaba de la cabeza, pero que era menos que nada. Y llegó la desgracia con ese cabezazo de Francis Ferrón en el minuto 97. Un borrón. Otro. No es el peor, pero la hoja de servicios ya está bien sucia y poco blanco hay, pocas luces quedan para seguir creyendo. El Dépor está tocado. ¿Hundido?