Dépor-Sestao, el regreso de un clásico

Varios exdeportivistas militaron antes en el conjunto vasco

Liaño: “Ir a Riazor era ilusionante, era un campo grande”

Sabin Bilbao: “A Las Llanas ibas a pelear, no había otra que correr y pelear”

Alineación del Deportivo de la temporada 1990-91. Arriba, de izquierda a derecha: Yosu, Lasarte, Stojadinovic, Antonio Doncel, Aspiazu y Albistegui. Abajo, de izquierda a derecha: José Ramón, Fran, Sabin Bilbao, Gil y Villa |  // APD

Alineación del Deportivo de la temporada 1990-91. Arriba, de izquierda a derecha: Yosu, Lasarte, Stojadinovic, Antonio Doncel, Aspiazu y Albistegui. Abajo, de izquierda a derecha: José Ramón, Fran, Sabin Bilbao, Gil y Villa | // APD / M. Otero

Marcos Otero

Marcos Otero

Hubo una época, esa que precedió a la más gloriosa de la historia blanquiazul, en la que los Deportivo-Sestao se convirtieron en un clásico de la Segunda División. Aquellos enfrentamientos entre mediados de los 80 y principios de los 90 desembocarían incluso en un trasvase importante de jugadores procedentes del club vasco con destino a A Coruña. Los Yosu, Liaño, Sabin Bilbao, Albistegui, Ribera, Aspiazu o Santi Francés recalarían como refuerzos de garantías en un Dépor que, por entonces, perseguía el ascenso a Primera. Mañana regresará tras más de tres décadas de paréntesis, aunque en unas circunstancias dolorosas para los blanquiazules y con un aroma muy diferente a aquel fútbol de lucha y barro.

Paco Liaño, en su etapa en el Deportivo. |  // L. O.

Paco Liaño, en su etapa en el Deportivo. | // L. O. / M. Otero

“Aquellos años teníamos muy buen equipo y podíamos pelear con cualquiera”, recuerda Sabin Bilbao, que antes de convertirse en el lateral zurdo de aquel Dépor que terminaría ascendiendo a Primera, militaría durante tres cursos en el Sestao. Sabin vivió aquellos duelos desde ambos bandos y dibuja un fútbol de otra época, en el que los escenarios importaban y mucho. “El campo era pequeño y a base de luchar se sacaban los resultados”, apunta sobre Las Llanas. “Allí en cambio ibas a pelear, no había otra que correr y pelear”, destaca sobre el cambio de mentalidad que llevaba aparejado visitar el campo vizcaíno con el Dépor.

El Sestao que jugará en Riazor el domingo, sin embargo, parte de una refundación fruto de los muchos problemas económicos que atravesó la entidad, que mantiene una filosofía parecida a la de entonces. “Era un club que se abastecía sobre todo de jugadores del fútbol vizcaíno, algunos procedían de Lezama, y el único extranjero era yo”, bromea Liaño, que militó en el conjunto vasco durante la temporada 1990-91, antes de dar el salto al Dépor tras proclamarse el meta menos batido de la Segunda. “Recuerdo que era un club absolutamente aficionado. Había dos coches que venían de San Sebastián, otro que recogía a varios de la zona exterior de Vizcaya y entrenábamos por las tardes porque algunos jugadores trabajaban o estudiaban. El propio entrenador [Blas Ziarreta] trabajaba en General Electric en Barakaldo. Era un equipo de otra liga diferente, muy modesto, pero que tenía un plan, que consistía en promocionar futbolistas jóvenes para tratar de venderlos y, de alguna manera, asegurar la viabilidad del equipo la temporada siguiente. Esa era un poco la filosofía del club”, resume el histórico portero blanquiazul.

Así fue como Liaño acabaría en las filas del Deportivo, pero antes le había llegado el turno a Yosu, Albistegui, Ribera, Aspiazu, Santi Francés o el propio Sabin Bilbao, que refrenda la visión del que fuera su compañero. “El Sestao vivía de la gente a la que le daba una oportunidad y luego traspasaba”, coincide con Liaño.

Aquellos eran partidos marcados por un fútbol poco elaborado, en el que la diferencia estaba en los escenarios. “Se atenía un poco al clásico del fútbol vasco, de fútbol directo y aguerrido, pero eso no quería decir que no supiéramos jugar al fútbol. Recuerdo que la temporada que yo estuve nos sentíamos más cómodos fuera”, expone Liaño. “Para mí ir a Riazor era ilusionante, porque era un campo grande y un escenario importante. Cada vez que jugábamos fuera de Las Llanas era especial. Para los rivales era al contrario, era como venir al dentista”, bromea.

Esos duelos también provocaron reencuentros entre excompañeros, en los que, sin embargo, la cercanía quedaba al margen cuando estaba el balón en juego. “Cada uno tira por lo que tiene. Perteneces a un equipo y tienes que dar el máximo. Son circunstancias de la vida. Unas veces te toca a favor y otras en contra, tienes gente conocida, pero es lo que tocaba, pelear”, reflexiona Sabin Bilbao, todavía instalado en A Coruña tras su etapa en el Dépor.

El salto desde el Sestao le tendría reservado un ascenso, pero a Liaño le regaló los mejores años de su carrera. “A título personal estaré eternamente agradecido a la oportunidad que me dio el Sestao de jugar en Segunda División. Eso de alguna manera me proyectó para llegar luego al Dépor y disfrutar del fútbol al máximo nivel. Recuerdo una temporada con 38 partidos jugados en la que conseguí el Zamora de Segunda División, pero en la que sobre todo me recuperé después de varios años en Santander en los que no me sentí útil”, expone el histórico guardameta cántabro.

Balance igualado y a favor del Dépor

Deportivo y Sestao se reencontrarán mañana en Riazor casi tres décadas después del último partido que disputaron. Fue en Segunda División en la temporada 1990-91, la que finalizaría con el ascenso blanquiazul, y se saldó con una victoria por la mínima (1-0) del Dépor en Riazor. El balance de los enfrentamientos entre ambos favorece a los coruñeses, que durante aquella larga travesía por la Segunda División en los años 80 se encontrarían en numerosas ocasiones con el conjunto vasco, convertido en un clásico de la categoría. El Deportivo disputaría un total de 24 duelos contra el Sestao —el club actual es una refundación— si se contabilizan también los de finales de los 50 y principios de los 60. Ganó 10 de ellos, empató seis y perdió ocho antes de enfrentarse el domingo, de nuevo, al conjunto vizcaíno en un partido trascendental.