09 de junio de 2018
09.06.2018

Asfixiados por el plástico

09.06.2018 | 01:29
Asfixiados por el plástico

Ochenta bolsas de plástico, ingeridas erróneamente por una ballena, han llevado a esta a una muerte horrorosa.

Son las consecuencias del uso que nosotros damos a esos millones de bolsas que, tras un único uso, van a parar a cualquier vertedero y, de aquí, al mar.

La muerte de la ballena ha escandalizado a miles de personas en todo el mundo. Pero muy pocos habrán dado un paso adelante eliminando esos adminículos por los que pagamos y pagaremos a los supermercados y tiendas en general con lo que estos, que dicen querer contribuir a la eliminación de los plásticos que van a parar al mar para seguir matando especies -entre estas la nuestra, la humana, porque ya estamos consumiendo peces en cuyos organismos hay depositadas cantidades importantes de microplástico- ganarán unos céntimos en cada una de las que podamos adquirir.

Un reciente estudio señala que la cantidad de microplásticos que se encuentra en el Ártico es miles de veces mayor de lo que se pensaba. Cada año, durante el deshielo, se liberan una media de 800 trillones de microplásticos que conforman una especie de esfera a partir de la rotura de trozos grandes como bolsas o botellas de plástico, o venir directamente de los exfoliantes, geles, pasta dentífrica, cremas limpiadoras o detergentes que utilizamos todos los días del año.

Las microesferas que estos productos contienen son tan pequeñas que no se pueden eliminar mediante el tratamiento de aguas y acaban escurriéndose desde nuestros lavabos hasta los océanos, donde pueden ser ingeridos por animales marinos y llegar hasta nuestra cocina y, por tanto, nuestros estómagos, siguiendo la cadena trófica.

Es sabido que lo que pasa en el Ártico no se queda en el Ártico, pero lo mismo pasa al contrario (nos recuerda Greenpeace): las corrientes marinas llevan todos los microplásticos que desechamos en nuestro día a día hasta el Ártico, donde permanecen atrapados cuando se forma el hielo, hasta que este se derrite y son liberados de nuevo al medio marino. De esta forma, el hielo ártico se convierte en un sumidero temporal de microplásticos.

Este sumidero se volverá contra la especie humana en pocos años, si es que no estamos ya pagando las consecuencias de la ingesta de partículas de plástico.

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