11 de febrero de 2019
11.02.2019

Mi padre tiene un barco, mecachis en la mar

11.02.2019 | 00:47
Mi padre tiene un barco, mecachis en la mar

Una antigua canción infantil permite al arriba firmante recordar los comienzos en el mundo de la pesca de muchísimas generaciones de marineros que, en el caso de la comunidad gallega, comenzaban su formación jugando a ponerse como pulseras los estrobos de las gamelas o las dornas o -por ejemplo en la ría de Arousa, donde abundaban las tan marineras dornas con vela de relinga- a utilizar los toletes -habitualmente cuatro, dos a babor y otros dos a estribor- como asideros para la maniobra de varar la embarcación en la playa o bien desde esta empujarla hasta el mar tras "meter" a bordo la poutada y las escoras (estas permitían la verticalidad en la varada de la dorna), las nasas o cualquier otro tipo de arte como el liñón. El remo de meo y el de couso en sus respectivos lugares, y en la galla el palo o mástil de la hermosa vela tan característica de la ría arousana.

Eran las primeras lecciones de futuros marineros que sentaron cátedra en todos los mares del mundo y cuyos descendientes actuales reciben formación en escuelas de pesca que han sustituido para bien a escuelas privadas en las que maestros como don Juan Emilio Álvarez de Prado, don Ramón González Mariño ("Monchín"), don Manuel Martínez ("O Roxo"), don Ricardo Ríos, don Carlos García Bayón -todos ellos en Ribeira- impartían clases específicas a jóvenes marineros que deseaban acceder a otras responsabilidades como patrón, maquinista, etc., puestos que les permitían interesantes salarios y, sobre todo, el embarque en buques de otras comunidades (entonces regiones) y países y, sobre todo, ir a la captura del bacalao en Terranova o el calamar en aguas de Boston.

Esta era la formación básica de aquellos grandísimos marineros gallegos descubridores en buena medida de especies abundantes en Gran Sol y que nadie comercializaba (como ocurrió posteriormente con el fletán, también en Terranova) y que incluso dieron nombre gallego a playas y caladeros cuya denominación todavía figura hoy en las cartas marinas como santo y seña de que allí estuvo, un día, un marinero de Galicia.

Hoy, las escuelas de formación náutico pesqueras de Galicia tienen sus aulas rebosantes de alumnos que no pueden realizar sus prácticas, sus días de mar, por la carencia de posibilidades de embarque. Se les ha privado de la ayuda que para sus estudios significaba el comedor y la habitación, lo que crea mayores dificultades para poder realizar los estudios pertinentes (salvo para aquellos que tienen la suerte de residir en las poblaciones en las que tales escuelas de formación existen).

Digan lo que digan, hay nuevas promociones de profesionales de la pesca a los que les faltan los días de mar que deparó en su momento el "Valentín Paz Andrade" como barco-escuela y que ahora podría ofertar el "Intermares". Pero, a lo que se ve, no interesa: es más fácil el recurso a la inexistencia de relevo generacional -en Galicia y en Japón- para no reconocer que el problema radica en lo exiguo de los salarios.

La respuesta la tiene el Ministerio de Agricultura y Pesca: dotar a los barcos de wifi para que los tripulantes se entretengan en sus contados ratos de ocio.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook