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La Opinión de A Coruña

Carlos Miranda

LA PELOTA NO SE MANCHA

Carlos Miranda

Un enredo demasiado familiar para el Dépor

Mario Soriano, ante el Bilbao Athletic LOF

Anda el Dépor enredado en otras de esas batallas de justicia deportiva que tanto le han distraído y que tanto daño le han hecho en los últimos tiempos. Ni es este el caso Fuenlabrada ni el Dépor es culpable ni debe haber dejación de funciones en la reclamación de sus derechos. Todo es cierto. Tampoco el deportivismo tiene hoy la ingenuidad de hace unos pocos años. Ya sabe para qué lado va a caer casi siempre la moneda. Y si por algún casual la cara reluce en la palma tras el lanzamiento, el premio será siempre el chocolate del loro y porque no hay más remedio que concedérselo. Es lo que tiene, en parte, haber perdido peso federativo. En LaLiga, en la Federación. Eso sí, el deportivismo ha aprendido que no puede gastar excesivas energías en estas guerras ni utilizarlas de coartada para lo que no ha sabido solventar el Dépor como equipo y como club. Si hace dos años, además de por el descenso, el caso Fuenlabrada le penalizó fue porque se concedió la oportunidad de convertirse en un club encallado, que no había pasado el luto y que no era capaz de pasar página. Demasiado tiempo relamiéndose las heridas, conviviendo con el aldraxe. Un caldo de cultivo que casi le lleva a Tercera RFEF. La treta del Athletic este pasado domingo, impropia de su grandeza, no puede echarle una capa de barniz a lo que ocurrió en Lezama ni a la deriva del Dépor en los últimos meses. ¿Hacia dónde va?

El caso Fuenlabrada dejó encallado como club al Dépor. Ahora debe defenderse, pero siempre mirando al frente

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No llega a estar esperándole el play off en junio o no llega a tener el Dépor ese ajetreo en su banquillo en el último decenio y es factible que Borja ya no fuese su entrenador. Justo o no, es probable que ese fuese el escenario más ajustado a la realidad en estos momentos. Lo que un día penalizó a otros hoy le protege a él. Los cambios de rumbo se toman o, al menos, se escenifican y el Dépor anda en ello. Ante la volatilidad, paciencia, aunque a veces es difícil saber dónde está la línea que separa la confianza, la fe ciega o la inacción.

Si al equipo le dan los tres puntos en los despachos ante el Bilbao Athletic, se colocará con 60 en la jornada 31, rozando la tan manida media inglesa. Los números son indicativos y fríos, también enmascarantes. No se puede juzgar al actual Dépor sin atender a lo que fue, a lo que es y hacia dónde va. ¿Está en mejor disposición para ascender que el Sabadell de Munitis, que tiene doce puntos menos, pero que viene de abajo a arriba? Los análisis van más allá de las fotos fijas y el Dépor volvió a espetarle a los que siguieron el partido de Lezama que su mal momento va mucho más allá de una mala racha. El Bilbao Athletic fue otro rival que llevó el partido a donde quiso, a pesar de la supuesta bisoñez de sus jugadores y de que se estaba jugando el descenso. Hasta pasada la media hora no hubo noticias del grupo de Borja más allá del achique, de la contención ante Mackay. Aguantó y casi se pone por delante antes del descanso. El arranque de la segunda parte fue una regresión y más de lo mismo. Resistió y se adelantó. Aunque le llegase tras 60 minutos de un duelo color rojiblanco, ya ganaba. Ni así. Tampoco supo manejarse en la ventaja. Ni por control ni por pegada. Falla en las áreas y en mucho más. Era cuestión de tiempo que su rival recobrase vida, gestase de nuevo fútbol y salvase un punto. Casi vuelve a arreglar el desaguisado el Dépor sobre la hora. Tampoco ahí fue resolutivo. ¿Falló Carlos Doncel o es un error consecuencia de haber estado tantos meses en el banquillo?

Sin un ‘play off’ y el ajetreo del banquillo en los últimos años, es probable que Borja ya no fuese el técnico en Riazor

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Y no es un partido aislado en 2022 el de Lezama. En Riazor le rescata habitualmente el escenario, su gente y esa sensación de estar en puerto seguro, pero fuera de casa hace tiempo que no hay red. Los rivales ya saben jugarle, le han perdido el respeto, hay futbolistas que han empequeñecido en fútbol y confianza. La retahíla está clara. Pero, por encima de todo, el técnico no ha mostrado herramientas y cintura para reconducir el proyecto. Tuvo mano para alumbrarlo, no para guiarlo ante las adversidades. Tiene apuntalado al equipo. Y han pasado casi cuatro meses, no es un problema puntual. Solo cuenta este Dépor con tiempo, unos rivales que no aprietan, que el equipo no se prodiga en descalabros, que el club quiere enfriar su banquillo y la disputa de un play off. Dos partidos que lo justificarán todo. No hay mayor síntoma de debilidad que ir deambulando y fiar una temporada a una carta. Eso sí, para entonces, si se cae la doble victoria en la fase final, muchos reproches o análisis irán a parar a un cajón, mientras el deportivismo se ajusta la corbata a la cabeza. No debería ser así. Es la vida misma, más en el fútbol.

Por unas razones u otras, otro año más sin una alternativa real a Álex. Da igual la categoría o el pretendiente

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Al final, siempre el capitán

Tras otro breve paso por el banquillo, Borja tuvo que recorrer la misma senda que transitaron otros técnicos en los últimos años: recuperar a Álex. El capitán realizó, curiosamente, uno de sus mejores partidos en toda la liga ante el Rayo. Su nivel no fue tan alto en Lezama. Aun así, siempre es una buena noticia que muestre picos de forma cuando se acerca la fase decisiva. Esa llamada al teléfono rojo del ‘4’ demuestra que el Dépor, un año más, parece haber tropezado en la misma piedra: la de encontrar una alternativa de garantías al coruñés. Da igual la categoría, el pretendiente. Nada. La idea no es borrarlo del mapa, es que haya plan b, no fiarlo todo a él y a sus características. Un año más y salvo giro inesperado, ya sea por malas decisiones o por falta de pericia de los técnicos para que las alternativas cuajasen, el Deportivo y Álex van de la mano al final de una nueva temporada.

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