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La Opinión de A Coruña

José María de Loma

Dispuesto para el verano

Es asunto serio hablar del tiempo. Se habla de otra cosa, pero mucho de la climatología. Pareciera verano ya en algunas latitudes de España. A destiempo. No un verano tímido o norteño, un verano sutil o acomplejado, un verano chiquitín. No. Un verano que ya parece decir aquí estoy yo y que lleva gentío a las playas, muchedumbres a las terrazas, multitudes a las sombras y valientes, no tanto, a pelearse con las olas.

Los partes del tiempo dicen que aún tendremos de aquí a junio días fresquetes o con lluvia, pero ya se ha instalado ese ambiente en el aire, ese olor, ese primer vencimiento de la primavera que los mediterráneos conocemos tan bien.

Comienza ahora un calendario plagado de fiestas, romerías, ferias, cruces, patios, verbenas y verbeneos que culminará, no sabemos cuándo culminará, si bien podríamos cruzar España de fiestón en fiestón hasta San Mateo en Oviedo, por ejemplo, finales de septiembre, vendimia y tal. Hay quien vendimia en septiembre y quién en septiembre ya está harto de vino, de fiestas y de verano. El verano es una forma de ser, lo cual es un aserto poético o una chorrada, no nos pongamos tampoco líricos.

El verano es el exilio del calcetín, el reinado de la chancla y el a mí no me gusta la cerveza pero en verano fresquita bien que me hincho. Hay gente cuya canción del verano es la queja. En verano, todos los gatos son gatos y el que es pardo pasa más calor. Las greguerías sobre el verano dan calor. Si a la prosa de verano le compras un abrigo te puede salir un poema de otoño o un relato de invierno. El verano de nuestra vida está siempre por llegar. A ver si nos pilla con poca ropa. En el otoño de la existencia se mide la vida en veranos.

Sé lo que hicisteis el último verano entre otras cosas porque no paráis de ponerlo en Instagram. El verano es una red social: activa tus amistades del pueblo. Que es donde te pasas una semana del verano, pero diciendo en tu ciudad que estás en un paraíso rural. Las bicicletas serán para el verano, pero en primavera florecen incluso las conducidas por atolondrados, que no paran de intentar atropellarte. Los tapabocas no son para el verano y ya tampoco para la primavera. Pronto dejarán de verse e iremos todos ligeros de mascarillas, casi desnudos, como los hijos de la mar. Que dónde habré puesto el teléfono del amigo con yate. El verano es una actitud. Y aquí hay uno dispuesto.

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