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La Opinión de A Coruña

Pedro de Silva.

Globo pinchado

En el tiempo de la globalización las leyes del mercado se habían hecho con todo, sin que ni siquiera un estado mayor reemplazara a los Estados. Había peleas en los bordes del sistema, pero dentro de éste reinaba la paz de los mercados. Enormes masas de capitales correteaban por el globo, guiados por una maquinita y beneficiando a quienes mejor conocían sus tripas, mientras descubridores de que la incomunicación humana era un inmenso banco de peces echaban las redes virtuales que los llevarían a la cima de la riqueza. El poder político, incapaz de controlar nada, hacía de capataz en cada latifundio local y remendaba rotos del sistema. Hasta que un siniestro perdedor de la partida, pérfido y bronco pero armado hasta los dientes, desenfundó en un saloon de pueblo y, sin pretenderlo, pinchó el globo, pues un globo era. El griterío de los mercados cesó, nadie estaba preparado para esto.

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