La Opinión de A Coruña

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Martí Saballs

Las predicciones de Georgieva

Kristalina Georgieva (Sofía, 1953) es la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI). Ha realizado la mayoría de su carrera en las instituciones internacionales, especialmente en el Banco Mundial (BM), donde llegó incluso a representar los intereses de Rusia en la primera década de este siglo. Pasó posteriormente por la Comisión Europea antes de regresar al BM, donde fue presidenta interina antes de ser nombrada el 1 de octubre de 2019 gerente del FMI. Tanto esta institución como el BM son fruto de los acuerdos de Bretton Woods que marcaron el plan de ruta de reconstrucción económica tras la Segunda Guerra Mundial.

En una entrevista emitida por la cadena de televisión estadounidense CBS el primer día del año, la tecnócrata búlgara desplegaba su bola mágica para predecir que un tercio del planeta y la mitad de Europa entrarán en recesión este año. También se atrevió a predecir que los próximos dos meses serán muy duros en China por culpa de la revitalización de la pandemia. El gigante asiático podría acabar creciendo por primera vez por debajo de la media mundial. Estas nuevas circunstancias obligarán al FMI a volver a revisar sus previsiones sobre la evolución del conjunto de las economías. Si China, una de las locomotoras mundiales, crece menos, bajará la demanda de materias primas. Georgieva considera que Estados Unidos sufrirá una leve contractura económica debido a la fortaleza de su mercado de trabajo.

Dado que ocurrieron a principios de año, los comentarios de Georgieva tuvieron más eco de lo habitual. La credibilidad del FMI a la hora de repartir consejos y jugar a los pronósticos siempre ha sido demasiado sobrevalorada, sobre todo en Europa.

Como repartidora de fondos vía préstamos baratos y delineador de políticas fiscales en decenas de países en desarrollo, el FMI ha tenido grandes claroscuros. Bajo la gerencia del francés Michel Camdessus (1987-2000) el FMI será recordado por no haber previsto las consecuencias de las crisis producidas, en parte, por sus políticas impuestas en México, el sureste asiático y sobre todo, Argentina, donde esta institución es especialmente vilipendiada. El FMI tampoco se enteró de la crisis financiera que se estaba cuajando en el mundo a propósito de la burbuja inmobiliaria y las hipotecas subprime. Un recuerdo: del 7 de junio de 2004 al 31 de octubre de 2007, en pleno desarrollo de la burbuja, el gerente del FMI era el exvicepresidente económico del Gobierno de Aznar, Rodrigo Rato, que acabó acusado de apropiación indebida por el caso Bankia y sentenciado a prisión. Le sustituyó al frente del FMI el francés Dominique Strauss-Kahn, que abandonó la carrera política tras una denuncia de acoso sexual a una camarera en un hotel de Nueva York.

Fue bajo la gerencia de la francesa Christine Lagarde (2011-2019) cuando el FMI empezó a recuperar lentamente parte de la imagen perdida. El premio para Lagarde fue acabar asumiendo la presidencia del Banco Central Europeo (BCE). Hoy tiene un papel más difícil. Al frente de la política monetaria de la eurozona, será valorado por su capacidad por controlar la inflación a través de la subida de tipos. Su antecesor, Mario Draghi, salvador oficioso del euro, le dejó el listón muy arriba.

Las predicciones de Georgieva hay que cogerlas, como todas, con escepticismo. A 15 días de que la ciudad suiza de Davos vuelva a reunir a poderosos e influyentes, el juego de las adivinanzas seguirá en auge.

Martí Saballs Pons es director de información económica de Prensa Ibérica

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