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Javier Cuervo

Un millón

Javier Cuervo

El “problema” sin “solución”

La vivienda es una necesidad e, instantáneamente, un problema. Cada generación sufre más para tener una casa en propiedad o en alquiler. En 2000, los habitantes de los países más desarrollados debían acumular todos sus ingresos de 8,8 años para comprar una casa de 100 metros cuadrados. Ahora hacen falta 11 años de vivir del aire para comprar techo. Las viviendas, que suben mucho más rápido que los salarios, van ganando la carrera hacia el horizonte del absurdo.

Los centros de las grandes ciudades europeas son espacios espectaculares para los turistas, todo hotelería y hostelería al servicio del ocio. Las Vegas se adorna con una réplica de Venecia y Venecia replica la funcionalidad de Las Vegas. En el barrio sevillano de Santa Cruz 6 de cada 10 pisos hospedan viajeros. En Barcelona se quejan de más. Todos los caminos llevan a Roma y el futuro se hospeda en el Trastévere, la mayor concentración mundial de pasta-pizza-birra-guiri. Madrid acoge con los brazos abiertos y las rentas caras a debutantes españoles que van a compartir piso sin alternativa ni límite de edad. Milmillonarios del mundo compran casas para 5 días o para especular a 5 años y la onda expansiva de precio y escasez llega al último barrio. En Palma, el turismo alemán ha puesto por las nubes el precio de la propiedad y ha hecho desaparecer el alquiler estable en favor de Airbnb. No es fácil ser profesor, alumno, médico, policía si no se nace en Mallorca. En Ibiza, los camareros —temporeros de la hostelería— se acumulan en pisos. Llegará el momento en que los grandes contratantes tendrán barcos viejos equivalentes a los barracones para los jornaleros que se ofrecen en el campo ancho y frutal. En las calles de su ciudad, aterrazadas y con tiendas de recuerdos y en los pueblos especializados en cocer garbanzos, vender libros o lo que sea, empieza a pasar lo mismo. La vivienda es un problema en las aldeas abandonadas de la España vacía.

Hace décadas que no se habla de la vivienda sino del “problema” de la vivienda sin que nadie compita por ofrecer la “solución”.

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