Tras siete décadas de carrera musical, sigue en la brecha y dice que ha aprendido enseñando. No le caben en las vitrinas los reconocimientos internacionales que ha recibido. Dice que el piano no es necesariamente un amigo, que te puede traicionar en un concierto. Para amistad, cuenta, la que él tuvo con su perra Fusa.

Acaba de cumplir 90 años. ¿Qué quiere ser de mayor?

Pianista. En las tres primeras reencarnaciones, pianista. Luego ya veríamos.

¿Qué le ha regalado el piano por su cumpleaños?

Ver que necesito estudiar más. Me ha dicho: “Todavía puedes hacer más cositas. Búscalas”.

Porque usted habla con el piano.

Procuro no enfadarle y que tengamos una buena relación. Es bastante interesante, porque el mismo piano en locales distintos es un piano distinto. Depende de la acústica. Rachmaninov decía: “Somos esclavos de la acústica”.

¿El piano se toca con los dedos?

Se toca con el cerebro, con el hígado, con el páncreas, con los pulmones, con el corazón. El piano se toca con todo el cuerpo y con toda el alma. Con la inteligencia, el conocimiento, la técnica simplemente muscular. Y luego viene la idea de que tú tienes del fraseo, de lo que el compositor ha querido decir, de cómo lo puedes realizar en este piano, en este local y a esta hora.

¿Cada piano es un mundo, incluso para alguien como usted?

¿Te imaginas que a Fernando Alonso le den un Seiscientos para que vaya probando en una pista de karts, para que se vaya entrenando para el próximo premio, donde va a tener un Fórmula 1? Eso es lo que nos pasa a nosotros. Estudiamos en el piano de casa, que puede ser buenísimo, pero está en casa. Llegas al sitio donde tienes que hacer la carrera y es todo distinto, tienes que adaptarte.

De joven quería ser Gary Cooper. ¿Lo consiguió? ¿Solo ante el peligro?

No, no, no lo conseguí. Bueno, solo ante el peligro en cuanto entras en un escenario. En ese sentido, sí. Pero él era mucho más guapo, hombre, por favor. Y mucho más alto.

Hace unos años veía a España dodecafónica. ¿Ahora qué cree que toca: la zambomba, la pandereta?

Yo creo que danzas rurales. Cada región baila sus danzas estupendamente. Pero ponerse todos de acuerdo… No sé, no entiendo mucho de eso.

¿Desafinamos?

Pues no se sabe. Eso se sabrá dentro de treinta años.

En la Facultad de Piano de la Universidad de Dallas, donde vivía hasta ahora, y tiene su cátedra, le han tenido en palmitas. ¿Por qué se fue allí, si era profeta en su tierra?

Sí, pero las condiciones en las que fui eran tan estupendas, tan maravillosamente flexibles… Por eso estoy acostumbrado a la flexibilidad. Aunque trabajo muchísimo. Lo de Dallas está terminándose, porque tanto viaje… Ya llevo más de seis millones de millas voladas con American Airlines. Y a los 90 años tengo que vigilar muchísimo la energía, ver dónde la gasto.

¿Saben allí que es usted de Bilbao? ¿Valoran el dato como merece?

Es que no he presumido. Soy de Bilbao, pero no ejerzo.

Hijo predilecto de su ciudad, como el padre Arrupe y Unamuno. ¿Se ve más jesuita o más filósofo?

En este momento lo que me veo es más músico. Y sobre todo, en cualquier caso, bilbaíno. Lo de hijo predilecto fue una cosa que me hizo el entonces alcalde Iñaki Azkuna, y no se lo podré agradecer nunca suficientemente. En setecientos años solo hay siete hijos predilectos, y uno soy yo.

¿Su cuadrilla siguen siendo Brahms, Mozart, Chopin y Ravel?

No nos olvidemos de Beethoven y de Bach. Ni de Albéniz, Debussy y Rachmaninov.

Veo que no van con chicas. Esto de ser vasco no cambia.

De chicas lo que he tocado son dos obras de Clara Schumann. De momento parece que hay más compositores, pero ahora están apareciendo muchas cosas de compositoras, como de matemáticas, científicas, artistas. Me parece muy bien la revitalización de la mujer, y no sé si hasta en algunos momentos se ha exagerado. Aunque todavía existe la idea de que la mujer no tiene que ser igual de buena, sino un poco mejor.

¿Mozart es el Dios de la música?

Hay muchos dioses en la música. ¿Cómo puedes decir que sea Mozart y no Bach, o que sea Bach y no Beethoven? Todos estos son grandes. Cada vez que tengo una partitura y veo al compositor, por ejemplo, en el caso de Ravel, seguro que con un pitillo en la boca a las tres de la mañana y con una pluma en la mano pensando: y ahora cómo hago yo este acorde, y va saliendo una partitura, y va saliendo una obra maestra, algo genial, poco a poco… ¿Qué proceso es ese? ¿Qué cerebro? Chopin, Rachmaninov, Debussy, Schumann.

Veo que tiene una cuadrilla muy amplia.

Sí. De vez en cuando, cuando se vienen a Bilbao y vamos a tomar unos txikitos. Y pasamos por los estadios de la borrachera, ¿Cuáles eran? Exaltación de la amistad, cantos regionales, insultos al clero, berreo general y lo último, perdonad si he faltado.

¿Cómo se puede confesar pánico escénico tras siete décadas de carrera musical?

El que hayas matado muchos toros no quiere decir que este otro no te vaya a matar a ti.

Acaba de hacer una gira por Japón, de tocar en el Guggenheim de Nueva York, en el Auditorio Nacional en Madrid. ¿Regresa a Dallas?

Ahora vuelvo a casa, a Bilbao, al centro del universo. A Dallas volveré posiblemente el año que viene, pero estoy liquidando ya. Tengo 90 años y no puedo saber lo que va a pasar, si voy a tener un ictus dentro de tres días.

Alegría, alegría.

Alegría, alegría.