´Quiero saber si Juan March es mi padre por las raíces, no por el dinero´

La jubilada valenciana Ana Gallart logra una orden judicial para que hoy se exhume el cadáver del "banquero de Franco"

08.03.2013 | 02:44
Retrato del banquero Juan March. / la opinión
Retrato del banquero Juan March. / la opinión

La historia desprende el aroma de una película de género: Ana Gallart, jubilada valenciana de 65 años, cree que es la hija ilegítima de Juan March, el mayor banquero de España, que creció bajo el palio de Franco y murió en 1962 tras pasar a la historia como el gran magnate de las finanzas españolas en la primera mitad del siglo XX. Gallart, que nació en Palma en 1947 y fue entregada en adopción a un orfanato de la isla, ha conseguido la orden de una juez de Madrid para que hoy exhumen el cadáver del histórico financiero, enterrado en un panteón familiar del cementerio de Palma de Mallorca.

Los forenses recogerán una muestra de ADN de Juan March para después cotejarlo con el de la mujer. Los dos hijos de Juan March ya han fallecido. Así pues, si Ana Gallart -con tres hijos, tres nietos y una modesta pensión no contributiva que le permite "vivir para sobrevivir"- consigue demostrar que es la única hija con vida del maquiavélico empresario al que apodaban "El último pirata del Mediterráneo", tendría derecho a reclamar parte de la fortuna que dejó el fundador de la Banca March, una herencia calculada en unos 220 millones de euros.

Pero el asunto pecuniario no es el motor de su búsqueda, asegura ella. "Solo reclamo el derecho a saber cuáles son mis orígenes, mis raíces familiares, por mis hijos y por mi curiosidad. Eso es lo más importante. Y una vez determinen si (Juan March) era mi padre, ya veremos qué hago: si sigo adelante para reclamar lo que me corresponda o llegar a un acuerdo, o no", explica Ana en una conversación con el diario Levante-EMV, perteneciente al grupo Editorial Prensa Ibérica, como LA OPINIÓN. Y añade: "No tengo el afán del dinero, pero no te digo yo que, si se ponen tontos, tire para adelante. No te digo que no?", advierte.

Como tantos otros en su misma circunstancia, Ana se enteró de que era adoptada al acudir al Registro Civil para solicitar los papeles para casarse. "Entonces supe que era adoptada, que mis padres adoptivos me habían sacado de la inclusa cuando yo tenía dos años y medio, y que tenía una hermana gemela que ya estaba muerta. Mi padre me pidió por favor que no buscara ni indagara nada. Y yo le hice caso".

Sin embargo, un día, por casualidad, Ana descubrió un documento revelador en casa de sus padres. El contenido del documento -una carta dejada por su padre- era relativo a su filiación, pero Ana prefiere no dar más detalles al respecto. Simplemente, esperó a que falleciera su padre adoptivo -Víctor, que murió en 1991 a los 71 años-. Su madre adoptiva, Feli, continúa viva con 96 años y sufre una demencia senil que le impide recordar el pasado. Y Ana, hace unos años, decidió algo muy elemental: "Dije 'ya está bien': quiero saber quién soy, quiénes fueron mis padres biológicos y de dónde vengo yo". Y se puso manos a la obra.

Tras pleitear en Palma de Mallorca y lograr el permiso para consultar sus expedientes, hace un año pudo averiguar que su madre biológica era una tal Rosa que falleció a los 62 años. Ana Gallart no la conoció ni a ella ni a sus dos hijos, que también están fallecidos. "He llegado tarde para conocer a mucha gente", apostilla.

Ahora, quiere saber si su padre es Juan March, que se casó en mayo de 1905 con Leonor Servera en un matrimonio que se dijo que fue de conveniencia. Para ser el padre de Ana Gallart, el llamado "banquero de Franco" hubiera tenido que engendrarla a los 66 años. "De momento, voy por mis genes, no por el dinero. Aunque tengan millones y ellos piensen que voy a ir a por todas", asegura Ana. En unos meses se conocerá el desenlace del que podría ser el último negocio secreto de Juan March.

El banquero Juan March (1880-1962) creó de la nada un imperio financiero que aún perdura y jugó un papel clave en la historia de España al financiar el golpe de Estado de 1936 y contribuir al derrocamiento de la II República. También sobornó a los generales franquistas a instancias de Churchill para evitar que España entrara en la II Guerra Mundial aliada con Hitler. Murió siendo la primera fortuna española y la séptima mundial.

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