José Ignacio García Director del Centro Jesuita Social Europeo

"La Iglesia ya no pretende tener el monopolio de la verdad"

"El problema de los refugiados no se va arreglar con vallas más altas. El Papa ya dijo que el Mediterráneo no podía ser un cementerio"

19.09.2015 | 00:55
José Ignacio García.

-¿Qué le parece que el papa Francisco centre su primera encíclica en temas medioambientales?

-Llevamos unos años en los que desde la Iglesia se ha hablado sólo de unos cuantos temas, con una imagen de la Iglesia complicada, donde hemos parecido un grupo a la defensiva por todo el tema de los abusos [sexuales]. También sobre temas de familia parecíamos como gente del no: 'No queremos el matrimonio homosexual', por ejemplo. En este sentido da un poco de aire también dentro de la Iglesia. Es bueno hablar sobre temas medioambientales y ecológicos. Aunque ha habido preocupación por personas de la Iglesia sobre este campo, siempre hemos mantenido una cierta distancia, al menos a nivel de doctrina de la Iglesia, en cuanto a movimientos ecologistas o partidos verdes. La Iglesia tiene una trayectoria para temas de derechos humanos o justicia social, pero nos faltaba esta dimensión.

-¿Hasta ahora la Iglesia no había hablado con esta profundidad sobre medio ambiente?

-Juan Pablo II había hablado un poco de ecología y Benedicto XVI también, pero no con tanta profundidad. Tampoco se había hablado tomando tan fuertemente partido por donde está ahora mismo gran parte de la sociedad.

-¿Por qué se interesa precisamente por este aspecto?

-El Papa era muy conocido cuando era arzobispo en Buenos Aires por visitar a los barrios y parroquias desfavorecidos, y con una implicación de la Iglesia en ámbitos populares muy fuertes. Él llega con esta inquietud social y desde esta inquietud social llega a los temas medioambientales. Le preguntaron si había escrito una encíclica medioambiental y respondió que él había escrito una encíclica social. Una de las partes más importantes del texto es la conexión entre medio ambiente y pobreza. Se incluyen los temas medioambientales, como cambio climático, pero también temas de explotación y aprovechamiento de los recursos naturales o temas de distribución de las cargas, por ejemplo, nunca encuentras un taller que contamine en un barrio rico.

-Francisco también habla del consumismo.

-Sí. Al final de la encíclica hace una crítica social muy importante. Este modelo económico es, tal y como él califica, 'depredador' de recursos naturales, cuando lo que necesitamos es aprovecharlos. Además, perdemos tierras por urbanización, está el tema de la desertificación de los océanos, la pérdida de pesquerías... El sistema está instalado en producción y consumo.

-¿El Papa ofrece recomendaciones concretas?

-Apunta a dos cosas. Primera, si de verdad queremos un cambio, este cambio ha de ser muy radical y ahí los grupos religiosos queremos colaborar. El segundo mensaje es que este cambio debería estar guiado por principios de solidaridad, justicia social y participación. Nadie esperaría que un Papa dé soluciones, pero sí puede lanzar criterios éticos. Él avisa que el sistema de producción-consumo tiene un mecanismo interno que lo va a hacer explotar porque los recursos son limitados y la presión que estamos ejerciendo va a ser insostenible. En el fondo apoya la dinámica de la ONU, que es una dinámica muy lenta, pero donde todos los países tienen la oportunidad de hablar. El Papa se pone al lado de estos organismos porque es de los pocos donde se puede trabajar respetando la opinión de todos, no sólo la de los países más ricos.

-La revista científica Nature habla positivamente de la encíclica. No es habitual que la ciencia se entienda con la religión.

-Las cosas están un poco más relajadas, la Iglesia no pretende tener el monopolio de la verdad y la ciencia es más humilde. Todos sabemos que la ciencia tienen sus lagunas. Todos hoy somos un poco más humildes. El Papa en esta encíclica utiliza la ciencia, la mejor información científica que está disponible, apreciando el trabajo de los científicos. Por el lado de la ciencia se ha tomado bien que una institución, que en principio no se debe a la ciencia, haga un reconocimiento de su trabajo. Además, la ciencia aclara que la única manera de entender estos temas es la conjunción de fenómenos naturales y acción humana, como es el cambio climático.

-El Papa ahonda en temas diferentes. ¿Es también un Papa diferente o es la percepción que tiene sobre él parte de la sociedad, a raíz de algunos comentarios, como los relacionados con el matrimonio homosexual?

-Sobre el tema del matrimonio, la Iglesia mantiene su negativa, pero es cierto que el Papa ha lanzado un mensaje que siempre ha estado ahí, que es el de que no podemos juzgar a las personas. A veces él dice las cosas de una forma que a la gente le choca, pero cuando choca es también por algo, probablemente porque extendemos el juicio sobre las personas. Hace bien porque recuerda que las personas están por encima, que ese juicio no podemos hacerlo. Los jesuitas encontramos mucha sintonía porque nos hemos formado en un sistema muy semejante. Es cierto que él fue elegido en un momento muy complicado de la Iglesia, hasta ese momento ningún Papa había renunciado y una renuncia motivada por cansancio físico, pero también por ciertos escándalos. Su misión es devolver a la Iglesia cierto espíritu positivo y transformarla en un lugar que inspire. Aporta mucho la visión de la Iglesia de periferia, no viene de iglesias antiguas y cansadas como las nuestras de Europa, viene de una Iglesia joven.

-Es una figura que llama mucho la atención. Como ejemplo, se estrena este fin de semana una película sobre su vida y actualmente se está rodando otra.

-Se debe a dos cosas. Primero, en todo momento la sociedad busca liderazgos, alguien que te dé sentido, y, segundo, que con la presión mediática se necesitan construir imágenes. Yo tomaría la primera parte de la búsqueda de referentes. El Papa tiene gestos muy conmovedores, como lavar los pies a los presos. Lanza mensajes muy integradores de acogida, de que la fe y la vida tiene esas dimensiones de apertura y cercanía.

-Precisamente, Francisco se ha posicionado sobre los refugiados que buscan asilo en Europa.

-La Iglesia tiene una tradición de asilo muy antigua. El Papa dijo que el Mediterráneo no podía ser un cementerio. Esto no se va arreglar con vallas más altas o con más espinos. Es un problema más profundo. El Papa hizo una llamada de atención muy fuerte. La Iglesia está muy comprometida con este tema y el Papa el primero. Es muy difícil justificar en Europa que no acogemos a los refugiados. Desde el punto de vista de la Iglesia es injustificable.

-¿La sociedad tiene una obligación moral?

-Para nosotros es muy evidente. Podemos acoger a varias decenas de miles, aunque seguro que va ser un esfuerzo. Desde el punto de vista de la Iglesia es tan evidente que a veces hasta nos cuesta justificarlo.

-Hay parte de la sociedad que critica que se acoja a los refugiados cuando no hay trabajo para los naturales del lugar.

-A veces los refugiados no se quieren quedar en el sitio y posiblemente estén dispuestos a trabajar donde no todo e l mundo está interesado. Sería muy triste enfrentar entre 'ellos' y 'nosotros'. Es un reto. Desde la II Guerra Mundial no vemos algo así, estábamos acostumbrados que estas cosas les pasaban a otros y mandábamos dinero y ya está. Yo creo que estamos capacitados para acogerlos.

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