Miguel Ángel Garrido Filólogo, premio internacional Menéndez Pelayo 2016

"El discurso de Podemos fue casi la única excepción al aburrimiento electoral"

"Situaciones como la de los famosos tres trajes del expresidente valenciano Camps las trataba ya Quintiliano, un autor del siglo I"

02.08.2016 | 00:51
Miguel Ángel Garrido.

Octavio Paz, Pedro Laín Entralgo, Fernando Lázaro Carreter, Mario Vargas Llosa, Mario Benedetti o Emilio Lledó forman parte de la prestigiosa nómina de ganadores del premio internacional Menéndez Pelayo, un galardón que en su trigésima edición acaba de ser otorgado al filólogo Miguel Ángel Garrido Gallardo. Investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y catedrático de Universidad, es conocido principalmente por su contribución a las investigaciones semióticas y dirigió durante tres décadas la Revista de Literatura del CSIC. En la actualidad dirige el Diccionario Español de Términos Literarios.

-Se suma usted a un elenco de premiados de renombre mundial. ¿A cuál de sus antecesores admira más?

-Me siento incapaz de hacer un ranking. Depende. Octavio Paz es un excelente poeta y un crítico y teórico literario estimable al que dediqué un artículo con motivo de su centenario. Con Ernesto Sábato coincidí en uno de los cursos de verano que dirigía Manuel Alvar en Málaga. Él era una personalidad conocida internacionalmente y daba las conferencias plenarias, y yo un joven profesor que impartía las clases de la mañana. La verdad es que no sabría decir por qué conocerle me decepcionó. Con Vargas Llosa y su mujer estuve cenando hace casi dos años con motivo de habérsele otorgado el premio Antonio Fontán. Desde entonces no lo veo. Es un orador perfecto.

-Umberto Eco, referente mundial de la semiótica, ha fallecido recientemente. ¿En qué aspectos fundamentales coincidían y disentían?

-He dedicado varios artículos a su famosa novela El nombre de la rosa, cuyo argumento es típico de la cultura posmoderna. En esta novela, el fraile franciscano Guillermo de Baskerville, con el que se identifica Eco, denuncia que no hay pasión más insana que la insana pasión por la verdad. Esa afirmación naturalmente es contradictoria con la de los que experimentamos que la sana pasión por la verdad es causa de la tolerancia más profunda y de la auténtica libertad. Le conocí en Palermo, en 1983, con motivo del congreso de la Asociación Internacional de Semiótica. Allí me invitó a ser miembro del comité ejecutivo de esta entidad, del que formé parte durante quince años. Pero no puede decirse que he tratado a Eco con cercanía. Él estaba en Italia y yo en España. Desde luego, lo considero un tipo simpático.

-¿Y su obra?

-No es un descubridor como Jakobson o Chomsky, pero sí un divulgador excepcional, capaz como nadie de hacer fácilmente entendibles las cuestiones más abstrusas. Durante muchos años he utilizado como manual su libro La estructura ausente, convertido más tarde en Tratado de semiótica general.

-Usted es el creador y director del Diccionario Español de Términos Literarios. ¿En qué fase se halla su elaboración?

-El Diccionario Español de Términos Literarios (DETLI) es el título de un programa de investigación de años y comprende como culminación una obra del mismo título. Son 600 artículos y 12.000 páginas que ofrecen definiciones y explicación de 6.000 términos del campo de la literatura y la cultura. Se proyecta colgarlo en la web del Instituto de la Lengua Española (ILLA) del CSIC. De este modo, al igual que uno puede encontrar un término común entrando en la página de la Real Academia Española y buscando en su Diccionario (DRAE) podrá consultar un término literario entrando en la página del ILLA y buscando en el DETLI.

-¿Un hallazgo reciente de sus investigaciones?

-Uno que puede resultar curioso. Encontrar que en el Arte de hablar en público, de Antonio de Nebrija, que estoy ahora traduciendo del latín y anotando, se reflejan situaciones idénticas a la de los famosos tres trajes de Camps, el expresidente de la Comunidad Valenciana. Y hay que tener en cuenta que el texto que refiero de Nebrija es copia de otro muy anterior, de Quintiliano, autor del siglo I.

-¿Tres títulos imprescindibles en su maleta de relecturas para este verano?

-La Biblia, El Quijote y el Ulises de Joyce.

-Acaba de dar a conocer en Nueva Revista, publicación que usted mismo dirige, un artículo en el que analiza el recurso a la "poliacroasis" en el discurso electoral de Pablo Iglesias. A primera vista parece referirse a una enfermedad contagiosa?

-Contagiosa sí que es, pero no enfermedad. Se trata de un tecnicismo para referirme al recurso retórico que consiste en decir cosas tales que personas que están en desacuerdo con el que habla y entre sí puedan pensar que están todas de acuerdo al menos con el que habla.

-¿Un ejemplo?

-Es lo que sucede cuando diversas personas entienden un mismo enunciado, por ejemplo, "socialdemocracia", de distinta manera, y, por eso, todas a la vez se muestran de acuerdo con su autor. Otro ejemplo, en el artículo cito un caso de poliacroasis protagonizada hace muchos años por Tierno Galván en una entrevista que le hizo Mercedes Milá. Le preguntó cuál hubiera sido su profesión preferida, y el viejo profesor respondió: "Buldero, fraile predicador de la bula de la Santa Cruzada". Con esta respuesta, Tierno satisfizo a un tiempo a los anticlericales que saben el significado anticlerical de los bulderos en cierta literatura y a las señoras más beatas. Un uso magistral de la poliacroasis.

-¿Cómo ha visto el discurso político de las dos últimas campañas electorales?

-En general, como una retahíla de clichés irrelevantes, comentados, de manera irrelevante también, por la mayoría de los tertulianos al uso. Un aburrimiento. El discurso de Podemos, y no solo por la poliacroasis, ha sido casi la única excepción.

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