Soluciones para la Ciudad introvertida

El casco histórico espera por la segunda fase de la peatonalización de la zona, demanda un impulso a la rehabilitación y confía en que los solares de A Maestranza se conviertan en públicos

14.10.2017 | 18:11
Casas del entorno de la plaza de Azcárraga.

Un entorno privilegiado, camino de olvidarse de los coches de manera definitiva, con algunas de las casas más hermosas y valiosas de la ciudad y que presume del discreto y elegante ritmo de vida de su ecosistema. Pero la Ciudad Vieja de A Coruña es también una ciudad dentro de una ciudad, introvertida, aislada, escasa de servicios y con dificultades para renovar su población. También con dificultades para atraer los coruñeses que pasean por miles a escasos metros por la Marina o Pescadería, como si la antigua muralla fuese un confín del más allá o si las escaleras de Marqués de Cerralbo, una ascensión psicológica al monte Fuji. El Concello acaba de encargar un estudio para analizar cómo se puede revitalizar el barrio histórico, pendiente también de culminar su peatonalización, del arreglo de viales cuyo pavimento pide auxilio desde hace años y de la transformación de su entorno extramuros, principalmente, de la zona de A Maestranza.

El Gobierno local se sentaba en el centro cívico de la Ciudad Vieja, antiguo Gobierno militar, para celebrar el Dillo ti de la Ciudad Alta en diciembre de 2016. Prometía que la fase final de la peatonalización del barrio, uno de los últimos cascos medievales en España en los que aún perviven los coches, se iniciaría este año 2017. Tras la primera fase, aún circulan los automóviles y pueden aparcar los residentes. Según el plan de movilidad del Gobierno anterior, cuando finalice la segunda, no habrá aparcamiento y solo podrán circular residentes y titulares de comercio.

La disminución de coches es ya evidente y el casco ha dejado de ser el aparcamiento trasero de la ciudad, con turismos dando vueltas a la caza de un hueco gratuito en un espacio público y protegido para ir a la Solana o al Abente y Lago. El túnel de la Marina dio el penúltimo impulso antes de la última fase, que no se ha iniciado. Es una demanda histórica y unánime con un pero para los vecinos: ha de resolverse el tema del aparcamiento.

El Ejecutivo anterior calculaba que, antes de comenzar la peatonalización, aparcaban unos 300 coches pero solo 72 en vacantes reguladas, por lo que el resto invadía entradas de casas o garajes o zonas alegales. Estimaba que un 82% de las necesidades estarían resueltas entre los aparcamientos del entorno y los catalogados dentro de edificios (532). Quedarían 150 por resolver. Además, habrá que instalar un dispositivo para entrada y control. Ya lo tuvo hace años pero nunca llegó a funcionar, por lo que el Concello fue penado a devolver una subvención europea.

El alumbrado, la pavimentación, el cableado y, en general, tener los mismos servicios del resto de la ciudad figuran entre las reivindicaciones habituales, así como el control de la recogida de residuos para no perturbar el descanso de los vecinos. En el nuevo contrato de basura que prepara el Gobierno municipal a través de una consultora, se han pedido soluciones específicas para la Ciudad Vieja, teniendo en cuenta su sistema actual "u otras alternativas más eficientes". La disminución de la contaminación acústica está también incluida dentro del plan municipal contra el ruido presentado recientemente.

El estado de los espacios públicos, principalmente la plaza de Azcárraga, es otra de las demandas recurrentes de sus vecinos, que no se han prodigado en los presupuestos participativos a la hora de presentar peticiones. Este año no hubo ninguna propuesta específica y el año pasado solo reclamaron completar la reforma del antiguo Gobierno militar, que solo afectó a una parte del palacio de Veeduría, por lo que quedaría una segunda fase por ejecutar. Por otro lado, Marea incluyó, entre sus promesas de Gobierno, un cambio en el plan especial para favorecer la rehabilitación. Todavía está en sus debes, mientras sigue la preocupación por la pervivencia de edificios en mal estado.

En el entorno extramuros, hay varias zonas en transición y cargadas de incógnitas. Una, la Solana. La asociación vecinal se ha pronunciado en contra de la privatización de las instalaciones deportivas que pretendía subastar la Autoridad Portuaria. La Xunta acaba de anunciar que seguirán siendo públicas pero en manos del Puerto en concesión. Dos, los terrenos de A Maestranza, propiedad de Defensa, que tiene derechos de edificación. El Ministerio mantiene sus solares, antes aparcamientos informales, vallados. La subasta quedó desierta y el hallazgo de restos arqueológicos dejó en suspenso la venta. Tres, Comandancia, pendiente de la reforma que pagará Fomento y de cómo se resuelve su okupación como Centro social A Insumisa.

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Teresa Martínez Ramonde, jefa del servicio de endocrinología del Complejo Hospitalario Universitario de A Coruña, ha respondido a preguntas de los lectores

 

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