-Siempre se resiste a admitir que es el mejor jugador del mundo. Ahora tiene un trofeo que le reconoce como el mejor de la liga.

-Tengo el trofeo, pero digo lo de siempre. Soy un jugador más y encima ahora mismo lesionado. Le doy valor porque es un reconocimiento de entrenadores y jugadores, los que entienden más, pero hay que seguir manteniéndose arriba, que es muy difícil. Ahora toca recuperarse y volver con muchas ganas.

-Seguro que prefería jugar.

-Segurísimo. El Mundial tenía que ser una alegría porque hemos hecho cosas que no ha conseguido casi nadie, pero acabé triste por no poder ayudar al Liceo.

-¿Comparte la opinión de Eduardo Lamas de que la Federación Española debería tener un seguro que cubriera estos casos?

-Sí. He perjudicado al Liceo al romperme el dedo y seguir jugando. Allá no tenían rayos para mirarme si estaba roto, pero yo sabía que me dolía un montón y que tenía daño de verdad y en el momento aposté por seguir jugando. El Liceo tendría que verse beneficiado porque es el que me paga. Me debo a él y me sabe mal no poder ayudarle.

-¿Le tienen que dar el Príncipe de Asturias a la selección?

-Si nos lo dan voy a estar encantado de ir a recogerlo. Pero como no depende de mí y a mi los premios no me obsesionan... No quiero restar puntos a la candidatura, pero si no me lo dan yo voy a ser igual de feliz que siempre.

-¿Mundial o Liga?

-Los dos. Pero si me dan a elegir entre este Mundial y la OK Liga con el Liceo, no tengo ninguna duda por lo que representa esta liga.

-Ya está hecho pero ¿le obsesionaba quedarse sin ganarla?

-Siempre dije que no sería ni mejor ni peor jugador por tener una liga más o una liga menos. Ya la he ganado y no me siento ni mejor ni peor. Hace dos años, jugamos para ganarla contra el Reus, los metimos para dentro y ellos no dieron tres pases seguidos y al final empatamos y se nos escapó. A la semana jugamos la Copa de Europa en Andorra y el equipo estaba mal y alguien a quien admiro mucho me dijo eso, que no iba a ser ni peor ni mejor por eso. A lo mejor habernos llevado ese palo nos sirvió para ganar la Copa de Europa. Pero en fin, que la liga ya está ahí, ya la he ganado, y con los años la gente se dará cuenta y valorará este ciclo que llevamos de muy buenos resultados.

-¿No le asustaba pasar a la posteridad con ese asterisco?

-Sinceramente no. La tengo, pues ya está y no lo podrán decir y no tendré ninguna pequeña mancha. Pero hay jugadores que han marcado una época que no tienen la suerte de haber ganado la liga. Por ejemplo, Facundo Salinas, que para mí es un referente a nivel personal, de equipo y de ciudad. Fue un número uno, no tiene la liga pero ha pasado a la historia del Liceo como uno de los más grandes y otros que sí la tienen no van a llegar nunca a leyenda de Facundo.

-Cada año encadena Liceo y selección. ¿El cuerpo aguanta?

-¿Se me ve mayor? (se ríe) Mucha gente me dice que me va a venir bien el parón y yo les digo que todo lo contrario. Cuanto más te exiges, mejor jugador eres porque te hace estar alerta. Tienes que tener tu periodo de vacaciones, pero yo creo que cuanto más entrenes, más metido estés en la onda, más te exijas y más compitas, mejor será. Siempre he intentado eso y no sé si a medida que pasen los años se me va a ir notando más. Yo me siento bien, fuerte y con ganas de seguir.

-¿Se plantea una retirada temporal o definitiva de la selección?

-Ahora mismo estoy cabreado por lo del dedo. Bueno, conmigo mismo porque soy el único culpable. Ahora mismo no me planteo volver a la selección. No me veo en otro Mundial. Casi seguro al cien por cien que no iré. Y el Europeo, si es en Madrid... Tengo que ser sincero, no tengo un buen recuerdo.

-Nació en 1979, tiene 34 años...

-¿Dónde pone que tengo 34 años? (interrumpe) Tengo 33, que soy de diciembre. Cuando tienes según qué edad, si te ponen uno de más te empieza a importar (ríe).

-Corrijo entonces. Tiene 33 años, ¿se cuida más?

-Con los años sí que tienes que ser mucho más consciente. Ahora me cuido cuatro o cinco veces más que cuando tenía veintitantos. Te cuidas la dieta, el salir, el descansar... es estar mentalizado de que cada vez te va a costar más. Pero ahí está el reto bonito de intentar superarse y luchar contra la edad. Admiro a Puyol. Va cumpliendo años y el tío rinde al máximo. Yo no me mido por la edad, sino que me mido contra los rivales en cada partido y ahí intento ser el mejor.

-Sin pensar en la retirada.

-¡Ni soñarlo! Me gusta muchísimo el hockey. Llevo desde los 4 años jugando al hockey, queriendo estar aquí, y ahora que estoy aquí, nadie me va a echar. Sí que le he pedido a mi mujer y a mi madre que el día que no me vean compitiendo al máximo nivel que me avisen porque yo seguro que no lo sé ver. Ahí tomaré una decisión. Pero mientras el cuerpo aguante, la ilusión está intacta y cada vez tengo más.

-¿Le hace sentirse mayor que le pregunten por la retirada?

-No voy a retirarme muy viejo simplemente por decir que he aguantado tantos años. Lo haré cuando no sea útil.

-Dicen que va a ser el sustituto de Carlos Gil en el banquillo.

-Por un lado, a Carlos no le dejamos marchar. Por otro, de momento tengo este y dos años más de contrato, espero cumplirlos y ya veremos luego lo que pasa.

-¿Se ve como entrenador?

-Me veo ligado al hockey, no tiene por qué ser en categorías superiores. Me gusta trabajar con niños.

-¿Está más cerca un futuro como entrenador que como productor de cava en Noia?

-De momento sí. Pero también trabajé en el cava ¡eh! Para sacarme un dinerillo. Algunas vendimias hice. Saber lo duro que era me hizo estudiar un pelín más y jugar al hockey también más.

-¿Le gustaría quedarse aquí?

-Estoy muy bien y mi familia también. La vida da muchas vueltas y no se pueden hacer muchos planes, pero ojalá pueda quedarme aquí, por qué no.

-¿Sería diferente su carrera si nunca hubiese venido al Liceo?

-Sí, no sería tan feliz. Cuando era pequeño no me perdía ningún partido y un día estaba triste porque había perdido el Noia contra el Liceo. Mi padre me dijo que no me preocupara porque los del Liceo eran muy buenos y profesionales. Yo le pregunté qué era profesional. Me contestó que se dedicaban a eso, entrenando mañana y tarde. "Yo quiero ir para allá entonces", le dije. Y desde aquellas se me quedó marcado. Para jugar bien tienes que estar feliz, aquí estoy feliz y por eso lo hago más o menos bien.

-Le señalan como el heredero del carácter aguerrido del Liceo.

-Tengo un carácter ganador y no me gusta perder a nada. El Liceo siempre fue un equipo muy peleón, que no le gustaba perder con gente como Facundo y Roldán, que era mi ídolo por su competitividad.

-¿Ahora que está lesionado, qué hace alejado del hockey?

-Estoy aún más dentro. Entreno mañana y tarde, y eso que al principio tenía que pedirle a los compañeros que me abrochasen los cordones. Y en los partidos... vi la Supercopa en casa y ya chillaba, pero en el Palacio lo pasé fatal.

-¿Qué aciertos y errores vio?

-Me quedo con que llegué al vestuario y vi a mis compañeros con bolsas de hielo, magullados porque lo habían dado todo. El equipo estaba dolido e hicieron un esfuerzo sobrenatural. Para mí aguantaron como unos campeones y me hicieron sentir orgulloso.

-¿Le preocupa que el Barça ya esté a cinco puntos?

-No pasa nada. Tenemos que ir a lo nuestro, partido a partido, que fue la fórmula que nos vino bien el año pasado. Tenemos que estar tranquilos, seguir trabajando bien y los resultados acabarán llegando. La liga es muy larga y ya tendremos tiempo para recuperar.

-Ganan aquí y allí y listo

-Salen las cuentas (ríe).

-Ya nadie se atreve a decir que el Liceo pierde potencial.

-Lo llevan diciendo mucho tiempo y los resultados están ahí. Volvemos a tener un buen equipo, con juveniles y júniors que nos están ayudando. Cuando estemos todos vamos a ser un equipo muy competitivo y vamos a ver hasta dónde somos capaces de llegar.

-¿Con los jóvenes hay que ser pacientes o exigirles para que se sientan uno más?

-Ellos son uno más, pero hay que tener mucha paciencia. No se les puede exigir porque están en edad de formación. Hay que darles confianza y ayudarles en lo que podamos porque nos darán muchas tardes de gloria en el futuro.

-¿Cómo fue en su caso?

-El día que debuté estaba en el banquillo. Mis compañeros eran Pedro Gil y Marc Gual. Gil ya estaba jugando y se quedaron sin jugadores en la pista y yo creo que era el que estaba más cerca de la puerta... me tocó jugar y me salió súper bien. Al partido siguiente volví a jugar y marqué un gol. Y ya me quedé en el primer equipo.

-¿Qué queda de ese niño?

-La ilusión por ser el mejor. Eso queda intacto y se va superando.

-¿Y la ambición?

-Si no hay ambición, no te mantienes tantos años.

-Cada año dice que pone el contador de títulos a cero. Tanto resetear, no se le olvidarán ¿no?

-Son cuatro Mundiales y cuatro Europeos con la selección, tres Copas de Europa con el Liceo, dos Supercopas de Europa, la liga, dos Intercontinentales, dos CERS, dos Copas del Rey, una Copa América con la selección catalana y un torneo de Montreux. Me los sé. Tengo que ganar muchos más para olvidarme. Te sirven en los malos momentos. Cuando no te salen las cosas te paras y piensas en quién eres y lo que has hecho para tener confianza y seguir para adelante.

-¿Se siente reconocido?

-Cada vez más y me sorprende mucho. Estoy muy agradecido. Pero en todos los sitios. En algunas pistas en Cataluña hay niños esperándome. Aún me llegó hace unos días un mensaje de un señor de Lodi, que me vio en un vídeo y dijo que le había recordado a Livramento. En un momento como este, que no puedo jugar, me animó mucho.

-¿Y en A Coruña?

-Sí claro, también, es que llevamos una racha muy buena.

-Ahora falta que el reconocimiento se traduzca en dinero.

-El Liceo está haciendo magia con los recursos que hay. Somos el campeón de la mejor liga del mundo y por eso es importante tenerlo en A Coruña y que nos apoyen.

-¿Cuánto cobra una estrella del hockey?

-Un pelín menos que los del fútbol. De esto no me hago millonario.