El derbi Deportivo - Celta

El clásico gallego desde los dos lados de la trinchera

Cuatro de los futbolistas que defendieron los colores del Celta y el Deportivo analizan el partido más importante de sus vidas

19.11.2015 | 11:52
Vicente, Padrón, Gil y Gustavo posan ante una torre del Teresa Herrera y el trofeo Ciudad de Vigo.

Riazor celebrará este sábado su clásico gallego número 168 desde que el Celta y el Deportivo se enfrentaron por primera vez en un partido de Liga el 10 de marzo de 1929. Desde aquella remota fecha una veintena de futbolistas ha vivido el encuentro de máxima rivalidad autonómica desde ambos de la trinchera, en trayecto de Norte a Sur y viceversa. Cuatro de ellos fueron Ramón Allegue, el Tigre Padrón, Vicente Celeiro, Gustavo Loureiro y el José Gil, el Flaco, del pasado, el presente y el futuro del derbi.

Los cuatro futbolistas vivirán el derbi de este sábado con el corazón dividido y el deseo de que del clásico viva con rivalidad sana, sin los episodios violentos que han deslucido el choque en las últimas décadas. Todos ellos agradecen, con independencia de sus preferencias, que siempre las hay, el cariño que le han dispensado ambas aficiones y pronostican "un gran espectáculo futbolístico" pasado mañana en Riazor.

La experiencia vital

Ramón Allegue (A Pobra do Caramiñal, 1935) fue uno de los primeros jugadores que rompió el tabú de fichar por el eterno rival. El Tigre Padrón, como se le apodó en sus tiempos de corto, fichó por el Deportivo camino de Oviedo, tras parar en casa un directivo blanquiazul que le convenció para quedarse en Galicia. Y eso que Allegue, defendió la zamarra celeste entre 1954 y 1962, que hoy siente "más las derrotas del Deportivo que las del Celta" juró de niño odio al eterno rival después de ver llorar a Antonio, su hermano mayor, tras la derrota del conjunto celeste en Balaídos en el derbi de 1949 (2-3). "Juré que de mayor sería portero del Celta y ganaría al Deportivo", asegura Allegue, que remacha: "Yo al Deportivo lo odiaba, para mí ganarle no era una cuestión de fútbol, sino una cuestión personal, de familia. Cuando nací, cuando me pegaron en las nalgas, no lloré, salí gritando Selta, Selta, así con S no con C, que el grito de guerra de la grada de Río".

Aquel clásico de finales de los cincuenta que se llevó el Deportivo dirigido por Alejandro Scopelli, uno de los grandes técnicos de la época, no fue un partido cualquiera para el Tigre Padrón. "Mi mejor derbi no lo jugué, sino que lo vi en Balaídos. Fue el de 1949-50 fue el derbi más grande que se puede recordar, con los tres equipos, el Celta, el Deportivo y el Atlético de Madrid jugándose el título de Liga".

Los desencuentros con los directivos celestes que propiciaron su salida del Celta cambiaron las cosas. "Me enamoré de una mujer fantástica, me casé con ella pero me puso los cuernos", explica Allegue, que precisa: "Mi problema fue con los directivos, que no me respetaron, lo que sí hicieron en el Deportivo, que conmigo fue un equipo señor".

José Gil Gordillo (Sanlúcar de Barremeda, 1960) hizo el trayecto contrario, del Deportivo al Celta, y vivió un momento clave de la historia de ambos equipos. "Vine del Deportivo a Vigo después de ascender con el Deportivo. Dejé al Deportivo ascendido y luego vine aquí y ascendí con el Celta. Tanto en Vigo como en A Coruña me he sentido muy bien tratado. Nunca he tendido problemas con ninguna de las dos aficiones, tuve la suerte de que me quisieron en los dos sitios", apunta. Su mejor recuerdo del derbi lo tiene con la zamarra céltica con el inesperado triunfo frente al Súper Dépor de Arsenio Iglesias en diciembre de 1994. "Mi mejor recuerdo fue el del año 94 en Riazor. Íbamos de cenicienta a que no nos metieran mucho porque ellos eran el Súper Dépor y les metimos un repaso tremendo. Para la afición fue maravilloso", destaca.

Vicente Celeiro (Vilalba, 1964) también recaló en Balaídos tras jugar nueve temporadas con el Deportivo y, como el Flaco, se ha sentido muy querido por ambas hinchadas. "A mí también me han tratado muy bien en ambos equipos, pasé la mayor parte de mi carrera en el Deportivo, desde los 15 hasta los 29 años, pero en Vigo la gente también me ha tratado muy bien. De hecho, para la afición del Celta era Vicente el del Coruña", dice.

Su peor recuerdo de un clásico fue la derrota sufrida por el Deportivo en Riazor en la liguilla de ascenso el 6 de junio que el Celta ganó 0-1 y pasará a la historia del clásico como la del penalti (que solo existió en la imaginación del árbitro Díaz Vega) de Alvelo. "Para nosotros que éramos unos chavalillos perder la posibilidad de ascender fue tremendo", confiesa Celeiro.

El resto, tanto con el Celta como con el Deportivo, los guarda como un tesoro en su memoria. "Vivir un derbi tanto en Vigo como en A Coruña es formidable por el ambiente, da igual si es en Primera o en Segunda, la diferencia solo es la repercusión. De los que ganabas te quedan mejores s recuerdos y de los que perdías peores, pero con el tiempo aprendes a valorarlos todos", indica.

El peor recuerdo de Vicente Celeiro es curiosamente el mejor de Gustavo Loureiro (Montevideo, 1964) y forofo y luego celeste desde que retornó a Vigo desde Uruguay. "Hice el mismo camino que Padrón, del Celta al Deportivo, pero siempre me sentí más identificado con el Celta", explica. Y añade: "Para mí el mejor fue el de mi debut, un 2-0 con goles de Vicente y Baltazar. Fue la misma temporada del 0-1. Recuerdo el ambientazo que había porque hablamos perdido allí 3-0 y todo el mundo se había movilizado".

Flaco Gil, Vicente Celeiro y Gustavo Loureiro coinciden en señalar el famoso penalti de Alvelo como el punto de inflexión que disparó negativamente la rivalidad entre celestes y blanquiazules. "Siempre ha habido rivalidad pero aquel penalti lo cambió todo. Luego el Deportivo jugando con los juveniles en Castellón para que no ascendiésemos. Todo aquello enrareció mucho el ambiente", apunta Gustavo. "Aquel partido marcó mucho porque además hubo unos follones tremendos antes, durante y después del partido. Recuerdo que volvimos tirados en el pasillo del autobús porque llovían piedras en la entrada de la autopista", agrega el que fuera defensa.

"Como ha dicho Gustavo hay un antes un después del partido del penalti de Alvelo. Después de aquel partido la rivalidad se convirtió en odio. Yo recuerdo un partido amistoso de pretemporada en Foz que parecía que estábamos jugando la final de la Champions de las patadas que nos dimos. Con el tiempo los jugadores hemos ido pasando y han llegado otros futbolistas, pero las aficiones han sido las mismas. Aquello se ha quedado grabado en la retina de los aficionados. Este partido se recuerda por encima de otros de mayor trascendencia", precisa el Flaco Gil.

Ramón Allegue asegura que a él también la han tirado "piedras" y destaca la enorme combatividad que en sus tiempos presentaba la antigua grada de Río que a él tantas veces le puso "la carne de gallina".

La rivalidad y pancartas ofensivas de ambos lados existen desde tiempos remotos aunque antiguamente los pitos y los aplausos se entremezclaban cuando los jugadores de ambos equipos saltaban al campo. Por aquel entonces las medidas de seguridad en los estadios eran escasa y los modos de intimidar a los árbitros nada sutiles. "Salía un tipo de la grada de Río con un metro, cogía al árbitro y decía: 'este mide un metro sesenta, id preparando la caja'".

Desde el último ascenso de ambos equipos a Primera División la rivalidad insana entre las dos aficiones parece haberse atenuado. Los incidentes se siguen produciendo, aunque de modo más aislado, hasta el punto de que el último choque disputado en Riazor por ambos conjuntos no fue declarado de alto riesgo después de muchos años.

Gustavo Loureiro atribuye esta mejora en el clima a la labor realizada en los últimos tiempos por las directivas de los dos equipos. "Ambas directivas están en muy buen camino, haciendo mucho por la reconciliación, con gestos importantes como compartir viajes en las categorías inferiores y eso marca una tendencia. Se ve que el talante de los dos presidentes está en el origen de todo esto", dice Loureiro.

Vicente Celeiro, también conocido como Vicente II como contraposición al excapitán Vicente Álvarez, aboga porque el clásico se convierta en todos los sentidos en una gran fiesta del fútbol gallego. "Debería serlo porque, tanto en Balaídos como en Riazor el ambiente es maravilloso. Ojalá algún día ambas aficiones puedan disfrutarlo unidas, como hacen los vascos", concluye.

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