La sangría de cada semana

El Dépor regaló 20 minutos al principio y otros tantos al final para servirle en bandeja la goleada al Espanyol. Rozó el empate y murió en el intento. Cada saque de esquina, una película de terror

24.09.2017 | 18:13

Parece imposible que el Dépor le pueda ganar a un equipo mínimamente competitivo. Sí, doblegó a un cuestionable Alavés. Sí, tuvo 50 minutos más que aceptables ante el Espanyol y rozó el empate. Pero siempre acaba pagando por su propia desorganización en defensa y en ataque o por las indignas e impropias desconexiones y errores individuales de unos futbolistas que supuestamente tienen la etiqueta de jugadores de Primera. Por una cosa u otra, la realidad es 4 puntos de 18 y la alarmante sensación de inconsistencia que aboca al Dépor a un desenlace no deseado a final de temporada. Queda mucho y hay tiempo y calidad arriba para reaccionar, pero la dinámica es la misma y este año sí que está en el fango desde el minuto cero. Queda Pepe Mel muy tocado por esta derrota, su puesto no está asegurado, aunque quizás hoy es de los días que menos culpa tiene. Las hechuras del equipo hablan de su labor, pero es cierto que él no es el que está en el área despejando en los saques de esquina ni es el que defiende con la mirada una internada en busca del remate. 

Cuando el deportivismo aún estaba saboreando el caramelo de la titularidad de Emre Çolak, se lo quitaron de golpe de la boca. El Dépor es irritantemente regular. No desaprovecha los minutos para dejarse en evidencia. Ante la Real recibió dos goles mientras se ataba las botas, Leo Baptistao siguió el mismo camino, aunque se quedó en media ración. Apertura a banda y desmarque al centro para buscar el remate. Todo lo hizo con Schär a más de un metro de distancia. 1-0, minuto cuatro y la verbena no había hecho más que comenzar. Para entonces, ya parecía una anécdota la pincelada que le había dado Mel a su apuesta. Repetía once con el turco por Andone para buscar más protagonismo con la pelota. Cuando empezó a tenerlo, ya perdía 2-0. Regala cerca de 20 minutos por sistema. Así es casi imposible.

Antes de que le llegase ese momento en el que al Dépor le suena el despertador, el Espanyol se mostró como lo que es: un equipo en todo el sentido de la palabra. Tiene dinamita arriba, sabe lo que tiene que hacer en cada momento. Empezó mal LaLiga y le cuesta mantener el nivel a lo largo de los duelos, pero se recuperará y encauzará su rumbo; lo lleva dentro. En esos primeros minutos los pericos tuvieron, al menos, tres marchas más que su rival. Por intensidad y por fútbol. Le desarboló y le dio la vuelta como a un calcetín: enseñó hasta la más pequeña de sus vergüenzas. Como siempre la bofetada espabiló en ataque a los blanquiazules, pero en esos primeros minutos de intercambio su contrincante no le perdió la cara. Ganaba balones divididos, le hacía imposible la salida de balón. Una pesadilla.

Y el balón parado. La guinda de este desagradable pastel era la defensa del Dépor de las jugadas de estrategia. Cada balón al área era una película de terror. Ya antes de que llegase el 2-0, el Espanyol había demostrado su poderío asaltando el fuerte coruñés en superioridad en un par de remates, solos Jurado y Gerard. El tanto era cuestión de tiempo y no tardó. Arribas fue el autor involuntario ante el acoso perico y el castillo de naipes que era el entramado defensivo coruñés.

A partir de ahí, el Dépor, como hace siempre, no le quedó más remedio que lanzarse a por el partido. Siempre reacciona, nunca va a por él. El equipo seguía siendo un desastre en su organización defensiva y ofensiva, pero apretaba y acarició el 2-1. El Espanyol se echó a atrás, se dispuso a defender replegado, respirando. Lo acabó pagando, aunque no antes del descanso.

La marea coruñesa había empezado a subir en los últimos minutos del primer acto y empezó a ahogar de verdad al Espanyol en el segundo. Quiso la pelota y comenzó a parecer un grupo. En una de esas acciones, tuvo paciencia para sacarla desde atrás y, tras una maniobra excelsa de Luisinho, Borges remachó el balón con fortuna a la red. 2-1 y el Dépor no renunciaba a nada, hasta se oían pitos en Cornellà. El Espanyol repetía el guión de su duelo ante el Celta y aún no sabía si iba a acabar pagando el bajón con la pérdida de puntos. El tico tuvo varias, otra Fede Cartabia. Olía a 2-2, pronto el Dépor volvió a ser ese equipo bondadoso que cava cada semana su propia tumba.

Antes de que llegase el 3-1 en un penalti tan inútil como claro, es cierto que los movimientos de banquillo empezaron a sentar mejor al Espanyol que al Dépor. Quique apostó por Granero para hacerse con la pelota y, al menos, empezó a disputársela. Mel quitaba medios y ponía delanteros. Como hace unos días ante la Real Sociedad. El equipo se partió con los cambios y, sobre todo, con el golpe del 3-1 cuando se encontraba en modo remontada. No lo pudo resistir.

El tramo final fue lo más parecido al infierno para el Dépor. Sergio García hizo lo que quiso, llegó el 4-1 y pudieron caer más. No salía de su área, mientras el equipo seguía partido y comandado en ataque por Lucas Pérez que, sin pretemporada, ha jugado 90 minutos en una semana con tres partidos. Tanto a él como a sus compañeros les queda un mundo para parecerse a lo que quieren ser. ¿Llegarán a tiempo? 

Ficha técnica (Espanyol-Deportivo, 4-1):

Espanyol: Pau López; Víctor Sánchez, David López, Hermoso, Aarón; Diop (Marc Roca, min.67), Darder; Baptistao, Jurado (Sergio García, min.65), Piatti (Granero, min.60) y Gerard Moreno.

Deportivo: Pantilimon; Juanfran, Arribas, Schär, Luisinho; Borges, Guilherme (Andone, min.66); Cartabia (Bruno Gama, min.85), Colak (Borja Valle, min.73), Valverde y Lucas Pérez.

Goles: 1-0, min.5: Baptistao; 2-0, min.23: Arribas (p.p.); 2-1, min.53: Borges; 3-1, min.72: Gerard Moreno; 4-1, min.90: Gerard Moreno.

Árbitro: De Burgos Bengoetxea (comité vasco). Amonestó a Luisinho (min.19), Víctor Sánchez (min.74) y Bruno Gama (min.90).

Incidencias: Partido correspondiente a la sexta jornada de LaLiga Santander disputado en el RCDE Stadium ante 19.585 espectadores.

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