25 años sin Clemencia

La familia de la costurera de Oza que desapareció en Betanzos hace 25 años inicia el expediente para declararla como fallecida, en un caso que sigue sin solución

06.06.2016 | 13:08
Mari Ponte, el día de su primera comunión.

Tú, que sabes dónde está Mari, desconoces que su madre preserva su habitación tal y como la dejó tras levantarse muy temprano el 14 de agosto de 1991 para no regresar jamás. Las fotos de ella y sus hermanos sobre la cómoda; la preciosa muñeca que conservaba desde niña; el armario del que cuelgan bien ordenadas blusas, chaquetas, faldas, abrigos, un bolso. En dos meses se cumplirán 25 años de la desaparición sin rastro de María Clemencia Ponte Redondo, la costurera de Oza dos Ríos, y su habitación no tiene ni un ápice de polvo. "No hay ni un solo día que no piense en ella. Pero ya no lloro. No. Estoy curtida", cuenta Manuela, que lleva años esforzándose hasta lograr hablar de su hija sin que broten lágrimas, aunque la humedad y la rojez rondan sus ojos todo el tiempo. El caso de Clemencia Ponte nunca se ha resuelto y es el más antiguo de la lista de desapariciones en Galicia.

Tú, que sabes dónde está Mari, ignoras que su madre lo aguanta todo, pero cuando abre la puerta de otra habitación y mira las dos máquinas de coser que utilizaba, gime con desgarro y se aparta de la puerta. Esta madre solo quiere saber "dónde está, aunque solo sean los huesos", para enterrarla cristianamente, "junto al resto de la familia". Clemencia, Mari para familia y amigos, que desapareció hace 25 años embarazada de un mes.

La familia ha iniciado los trámites del expediente de declaración de fallecimiento de Mari en el Juzgado de Instrucción Número 8 de A Coruña, después de que esta joven de treinta y pocos años desapareciese un 14 de agosto tras levantarse, "coger el Pereira para ir a Betanzos y sacar dinero del banco".

El empleado de la entidad testificó haberla visto, sacó casi 6.000 euros, sus ahorros, después de ingresar el último cheque tras otro trabajo de costura para una de las empresas del gigante Inditex. Fue al banco acompañada de su novio, que fue interrogado y después liberado. Un mes después de su desaparición se encontró su bolso en un terreno junto a la Nacional VI con sus objetos personales y el DNI dentro. Y nada más.

"Mari era como una mujer mayor, muy responsable, solo trabajo y casa. Hablaba con todos, era amiga de todos, venían muchas compañeras suyas a casa. Ella crió a su hermano pequeño, que es el que peor lo pasó cuando desapareció. Ahora yo tengo nietos, y una biznieta de cinco meses, que ella nunca podrá ver", cuenta Manuela Redondo. Tampoco ella conocerá nunca al primer nieto que pudo tener, el hijo de Mari. "Lo supimos después, lo dijo el médico, estaba de muy poco tiempo, no se le notaba nada". Esta vecina de Oza dos Ríos (ahora Oza-Cesuras) recuerda con carraxe los primeros momentos de la desaparición de su hija segunda, incluso reconoce que su dolor la hizo reaccionar muchas veces de forma vehemente.

Cree que se pudo hacer más en la investigación de Clemencia Ponte, interrogatorios que no se produjeron, coartadas que no se comprobaron con más detalle. Aunque tiene buenas palabras para los guardias civiles de Betanzos que llevaron el caso, que se archivó y se reabrió varias veces gracias a la insistencia de algunos investigadores. La última vez, en 2006.

"Se portaron muy bien, llamaban cada seis meses, los de Betanzos eran muy atentos, ya eran casi como de la familia. Incluso alguno me dio pena... Lo que llevé muy mal fue lo del juez. En los primeros días me decía no se preocupe, quédese tranquila Manuela, ella está bien... Eso me mató, y me sigue doliendo aún hoy. Creo que los jueces pudieron hacer mucho más". Las buenas palabras para tranquilizar, que a veces solo causan dolor porque están huecas y no significan nada y apaciguan menos.

También laceraban las llamadas que días, semanas después de que Mari no regresase jamás a casa, se producían a su casa. "Decían que la habían visto en tal sitio, te hacías ilusiones, luego la veían en otro... No sé cómo podían hacer eso...".

"Yo ya estoy cocida. Aguanto lo que sea", repite de forma constante Manuela, aunque se nota que son frases con las que intenta convencerse a sí misma.

La familia no deja sola a Manuela. Algunos de sus hijos y nietos comen a diario en su casa. Ella les hace la comida. "Me gusta. Mientras hago de comer estoy ocupada, no pienso en otras cosas".

Elisa Abruñedo, desaparecida en Cabanas en 2013; Socorro Pérez, desaparecida en 2015 en Ourense; Sonia Iglesias, la pontevedresa desaparecida en 2010; María José Arcos, desaparecida en Santiago en 1996. Manuela conoce todos estos casos, todos los nombres. "Siempre que veo estos casos en televisión siempre pienso en Mari pero también en sus familias, porque sé lo que están pasando, sé que nadie más que nosotros lo podemos entender de verdad, que es algo que llevas para toda la vida. Dios quiera que nadie pase por esto".

"No hay justicia. No creo en ella. Pero les pediría a los que llevan estos casos que se esfuercen más por buscar a la gente que desaparece. No puede ser que una mañana ella esté y después nunca más. Ahora solo queremos saber dónde está, para llevarla para el adro".

Tú, que sabes dónde está Mari.

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