A CORUÑA

El trozo de Gloria de los Franco

El Pórtico de la catedral de Santiago está en pleno proceso de restauración mientras dos de sus extraordinarias esculturas siguen en la casa de A Coruña de la familia del dictador

12.09.2016 | 10:11
Esculturas de los Franco (Jeremías y Ezequiel) que estaban en el Pórtico, y que mostraron en 2008.
Esculturas de los Franco (Jeremías y Ezequiel) que estaban en el Pórtico, y que mostraron en 2008.

El lujo y el privilegio de poseer y ver cada día en el salón de tu casa o en tu habitación dos esculturas del siglo XII de la fachada exterior del Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago realizado por el Maestro Mateo es inconcebible. Pero no para los descendientes del dictador Francisco Franco. En su vivienda de A Coruña, la Casa Cornide, la familia guarda estas impresionantes piezas que el público pudo ver por primera vez cuando las prestaron en 2008 para la exposición que conmemoró el 800 aniversario de la ciudad herculina.

Ellos y algún historiador las identificaron como Abraham e Isaac, uno de los patriarcas bíblicos y su hijo. Sin embargo, un experto, el profesor de Historia del Arte de la Universidad de Harvard y coordinador de la investigación histórico artística del programa de restauración del Pórtico que está ahora mismo en marcha, Francisco Prado-Vilar, ha concluido que estas piezas de granito de más de 1,70 metros de altura son en realidad los profetas Ezequiel y Jeremías. "Las hemos identificado por su gestualidad y por comparativas con otras catedrales", destacó Prado-Vilar, quien subrayó su "inmenso valor" histórico y artístico.

Las esculturas de los Franco son "extraordinarias". Conmueve un muy expresivo Jeremías con faz colérica porque ha visto los castigos de Dios a Israel y también el "compungido" Ezequiel tras ver la destrucción de ese pueblo.

¿Cómo llegan dos piezas del Pórtico de la Gloria a manos privadas? El pórtico que conocemos hoy en día no es el que concibió el Maestro Mateo. Su obra realmente fue celestial. Todo el conjunto escultórico poseía policromía, se usó pan de oro puro y lapislázuli. Había un gran arco del que subsiste una clave decorada con dos ángeles conservada en el Museo de la Catedral. A éste se unía otro coro que culminaba en un gran rosetón por el que entraba la luz. "Debía producir en su época un efecto deslumbrante, el brillo del oro debía de verse desde puntos alejados", subraya este experto.

En las jambas del arco central de la fachada occidental de la catedral estaban Enoc y Elías, dos destacadas esculturas de similar factura a las que poseen los Franco y que fueron a parar al Museo de Pontevedra, donde todo el público puede verlas. En 2015 estas dos piezas de Pontevedra regresaron a su lugar de origen, a la catedral de Santiago, en una exposición que duró unos meses. Las figuras con las que se hizo el dictador, Ezequiel y Jeremías, estaban situadas en el muro adyacente al arco central de la fachada.

Las esculturas fueron desgajadas del Pórtico en 1520 para instalar dos puertas. Hasta ese momento la fachada estaba abierta al mundo, luminosa. Después, en el siglo XVIII se impuso el estilo barroco sobre la catedral y según ha escrito Prado-Vilar el pórtico se fue transformando en "un caparazón cerrado y sombrío" con un conjunto escultórico parcialmente mutilado. En el siglo XX reaparecieron las figuras de Enoc y Elías, almacenadas en el claustro del colegio de San Clemente sin identificar, como anónimas.

Respecto a las piezas de Franco, señala el profesor Prado que hasta los años 50 del siglo pasado pertenecían por compra legal al Ayuntamiento de Santiago de Compostela. En 1947 el conde de Gimonde, noble compostelano, las vendió al Concello por 60.000 pesetas. Pero trece años después fueron regaladas al entonces Jefe del Estado, Francisco Franco, que primero las instaló en el pazo de Meirás en Sada (donde ya había iniciado una colección con otras piezas que le iban interesando, como un cruceiro que representaba al Santo dos Croques, una réplica del relieve de la plaza de las Bárbaras de A Coruña, una fuente de granito barroca y otra rococó, un retablo...) y finalmente en la Casa Cornide. El Museo de Pontevedra también señala en su web que compró sus esculturas en 1956 a los condes de Gimonde.

Gracias a la Fundación Barrié el Pórtico de la Gloria está en pleno proceso de una de las mayores restauraciones de patrimonio del país, una labor que se inició en el verano de 2014, aunque tras estudios y análisis preliminares desde 2009 a 2011 y otros ya en 2006). Estos trabajos que finalizarán al iniciar 2017 supondrán restaurar y conservar, fijar la policromía (que no pintar) y también ofrecen la posibilidad única de mostrar una reconstrucción virtual de cómo era el Pórtico originalmente, a todo color, con todas las piezas.

Sin embargo, la recuperación total del proyecto original del Maestro Mateo, incluyendo la restitución de estas esculturas a la Catedral, no parece factible. "No se puede reconstruir todo pero sí estudiar las figuras y su significado en la escenografía del Pórtico. En el siglo XVIII se desmanteló parte de la fachada, algunas piezas ya antes al poner las puertas y cerrar el arco exterior", subraya este profesor de Harvard.

Francisco Prado-Vilar destaca la "generosidad" de personas como un particular que vive cerca de Santiago y que posee la primera representación de Santiago como Caballero de Cristo, una figura de "extraordinaria calidad" que originalmente estuvo en la parte baja de la fachada románica de la catedral Su dueño la prestó para ser estudiada, analizada y exhibida cerca del lugar donde estuvo al principio. También el Museo de Pontevedra prestó sus profetas Enoc y Elías y estuvieron en Xelmírez. Pero no ha sucedido así con los profetas en posesión de la familia Franco.

"Juntar todas las esculturas sería lo ideal. Su identificación es uno de los grandes descubrimientos, ayuda a entender todo el programa iconográfico de la fachada diseñada por el Maestro Mateo, se descubrió que la catedral se transformó de templo de peregrinación a catedral real, para coronaciones de reyes e investiduras de caballeros. Pero recuperar estas piezas es complicado. Lo mejor es, con diplomacia, intentar que los propietarios hagan una donación permanente. Las piezas de los Franco, una vez identificadas, tienen un valor inmenso. En lugares como Estados Unidos está a la orden del día el mecenazgo, gente que dona piezas y se pone su nombre a salas del museo. Así al final revierte en la ciudadanía. El Prado de Madrid ha recibido donaciones de particulares muy importantes en los últimos tiempos".

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