26 de julio de 2020
26.07.2020
La Opinión de A Coruña

"En la movilidad social condiciona más el nivel educativo que el de renta"

"Al cruzar los ingresos de los padres con los de los hijos no se tiene en cuenta la crisis económica o la precariedad laboral" - "El mejor lugar para vivir es el que te puedas permitir"

26.07.2020 | 00:35
Raquel Martínez Buján, decana de Sociología.

Las políticas públicas para mejorar barrios desfavorecidos, el fomento de becas o la creación de entornos intelectuales son medidas que la decana de Sociología de la Universidade da Coruña, Raquel Martínez Buján, considera adecuadas para favorecer la movilidad social de las personas. La educación, recalca, es más relevante en el progreso social que los ingresos familiares y el barrio de crianza, factores que sí destaca el Atlas de Oportunidades elaborado por la Fundación Felipe González según la rentas de los padres y los hijos.

¿Son fiables estos estudios que analizan datos económicos del pasado para establecer conexiones con situaciones económicas del presente?

A mí personalmente no me gusta hacer este tipo de estudios. Pero entiendo que es importante tener esa información, que muchas veces, por desgracia, contribuye a fomentar estereotipos sobre tipos de barrio y las personas que en ellos habitan, ya que no se tienen en cuenta más dimensiones que afectan al nivel de desarrollo individual y a la trayectoria vital y laboral de los individuos.

Este atlas explica que "para algunos" los ingresos de los padres y el barrio de crianza determinan más el futuro bienestar que los logros y esfuerzos de cada persona. ¿Está de acuerdo?

Hace falta matizar eso. Las condiciones de riqueza o pobreza y el nivel educativo de los progenitores pueden influir en la posición social de alguien en el futuro, pero esa variable del seno de la familia en la que uno ha nacido y crecido y su territorio es muy determinista. Hay otras condiciones que determinan que en muchos casos uno no se pueda mover socialmente y que dependen de la falta de corrección de esas condiciones por parte de las políticas públicas, como cuando en los barrios más desfavorecidos no se crean entornos intelectuales favorables, bibliotecas públicas, por ejemplo.

¿Qué factores miden mejor que las rentas familiares o los barrios la movilidad social?

Para una movilidad social correcta hacen falta varias dimensiones. Creo que es más condicionante el nivel educativo que el nivel de renta, que no lo veo como el indicador más relevante. Tener mucho dinero no significa que tengas un estatus en la sociedad. Hay que medir más allá: en términos de ocupación, cultura adquirida, entorno intelectual y red de relaciones en las que uno se mueve.

Es decir, que de una desventaja social no se escapa solo con dinero.

Hay estudios que indican que para que se produzca la movilidad social de una persona con desventaja tanto en términos de recursos económicos como de recursos educativos hace falta que haya tenido en la vida un maestro o maestra que le haya inculcado una sensación de considerar que puede salir de esa situación de vulnerabilidad. Eso puede determinar cambios en la trayectoria vital. Añadiría más cosas: el fomento de becas, la creación de un entorno intelectual adecuado en un colegio público con más actores y actrices que los profesores, actividades culturales que ponen en contacto a personas con desventaja social con personas intelectualmente exitosas.

Estos estudios arrojan datos que parecen fríos. ¿No tienen en cuenta el esfuerzo personal y los progresos realizados por una persona mientras crece?

Soy crítica con los resultados que muestran. Al cruzar el nivel de renta de los padres con el nivel de renta de los hijos no se tienen en cuenta los condicionamientos estructurales en los que nos movemos, las crisis económicas que vivimos o la precariedad laboral de ciertas generaciones, que no significa que hayan fracasado con respecto al nivel que inicialmente se habían marcado sus familias. Es cierto que la riqueza y la pobreza se heredan, pero considero que no se puede tender a culpabilizar al entorno de origen y no a las diferencias sociales que generan las desigualdades.

¿Se puede llegar a concluir que tal o cual barrio es el mejor para vivir?

El mejor barrio para residir depende de las circunstancias de cada ciudadano. No es lo mismo ser joven que mayor, tener hijos que no. Establecer comparaciones lleva a crear estereotipos sobre qué es lo mejor qué es lo peor y eso a veces genera guetos que expulsan a las clases medias más acomodadas socialmente de zonas que se consideran menos privilegiadas porque conviven con gentes con pocos recursos. Se piensa que un buen barrio es el que tiene servicios y que es cosmopolita. Yo creo que el mejor lugar para vivir es aquel que te puedas permitir con tus ingresos.

¿Los jóvenes de 30 años comparan lo que ganan con lo que ganaban sus padres a la misma edad, o es algo que no tienen en cuenta para progresar en la vida?

Muchos padres con hijos de 30 años, que ahora pueden tener entre 55 o 60, todavía no han alcanzado la estabilidad laboral. Esto hay que tenerlo en cuenta, por lo que sus hijos no están tan marcados por el objetivo de conseguir una mayor seguridad en el empleo. Los jóvenes de 30 años están acostumbrados a cambiar de trabajo y la precariedad se ha convertido en un modo de vida.

¿Qué diferencia el bienestar al que aspiraban nuestros padres cuando tenían 30 años del de sus hijos a esa edad?

No estoy muy segura. Quizá los padres de esa generación se han volcado mucho en que sus hijos tengan estudios universitarios. Creo que esta es la mayor protección frente al desempleo. Sin un nivel de estudios alto, la movilidad social es muy complicada. Quienes no tenían muchos recursos ni le daban importancia a la educación se han anclado en una posición social.

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