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La Opinión de A Coruña

ACCIDENTE MORTAL EN LA PLAYA DE SANXENXO

La lancha navegaba a entre 17 y 20 nudos cuando alcanzó al oftalmólogo coruñés, según los investigadores

Las zonas de baño tienen limitada la velocidad a solo tres nudos. Los dos nadadores llevaban boyas de señalización y relojes con GPS

Una imagen de la embarcación en un entreno facilitada en febrero por el equipo.

Las investigaciones de la Guardia Civil de Pontevedra sobre el accidente ocurrido el pasado viernes en la playa de Silgar, en el municipio de Sanxenxo, en el que el médico coruñés Juan Tábara falleció al ser arrollado por una lancha de motonáutica se centran en determinar la velocidad a la que navegaba la embarcación y la distancia de la costa a la que se produjo el siniestro mortal.

Este último factor, es, según los especialistas, el aspecto más relevante para saber si los tripulantes de la lancha tienen alguna responsabilidad, aunque las personas implicadas en el suceso y los testigos presenciales aportan en este momento datos diferentes sobre el lugar en el que ocurrió. El piloto declaró, según fuentes próximas a la investigación, que zarpó del puerto de Sanxenxo con dirección a punta Vicaño sin advertir ningún obstáculo en su camino y que se hallaba a más de 200 metros de la playa, distancia de seguridad fijada para la protección de los bañistas cuando se ha instalado el balizamiento. Incluso manifestó que no se percató de que había colisionado con la víctima hasta que le informaron de ello desde tierra.

Pero los testigos ofrecen una visión opuesta de los hechos, ya que aseguran que el choque con Juan Tábara ocurrió dentro de esa franja reservada para el baño y a la altura de roca sobre la que se halla la estatua conocida como La Madama. Enrique Vila, el amigo del fallecido que nadaba con él, indicó a los investigadores que no habían sobrepasado el límite de los 200 metros, lo que corroboró con las mediciones de los relojes con GPS que llevaban, que indican que habían recorrido 187 metros.

La reglamentación marítima establece que en las playas no balizadas las embarcaciones no pueden superar los tres nudos de velocidad dentro del límite de los 200 metros desde la línea de costa, pero los primeros indicios sobre este suceso apuntan a que la lancha se desplazaba en la zona de Silgar a una velocidad situada entre los 17 y 20 nudos, circunstancia que también respaldan las declaraciones de los testigos, que señalan que la embarcación navegaba con rapidez.

La Capitanía Marítima de Vigo, con jurisdicción sobre las rías de Vigo y Pontevedra, advirtió hace años sobre la obligatoriedad de los nadadores y patrones de embarcaciones de cumplir la normativa sobre las franjas de protección en las playas, en la que se incluye que los nadadores deben llevar una boya señalizadora cuando sobrepasen el límite de los 200 metros, mientras que los pilotos de las naves deben cerciorarse de que no hay obstáculos en la ruta que pretenden seguir y reducir la velocidad en caso de que aprecien la presencia de bañistas, buceadores u otras embarcaciones.

Juan Tábara y Enrique Vila nadaban con boyas, que fueron recuperadas por el yate que recogió el cuerpo del médico y prestó ayuda a su compañero, por lo que el patrón de la lancha debía haber presto atención a esta indicación al pasar por el lugar en el que se encontraban.

La Guardia Civil podrá fijar la posición del barco con su GPS

La Guardía Civil se incautó en la lancha de motonáutica la tarjeta del aparato que graba la trayectoria seguida durante su navegación, para lo que hace uso de su posición a través de un equipo GPS. Esto en principio haría posible conocer de forma exacta la distancia de la costa a la que se produjo el accidente, además de la velocidad a la que navegaba.

Aunque el atestado definitivo todavía está en fase de elaboración, el Juzgado número 3 de Cambados, que instruye este caso, cuenta ya con uno provisional en el que se constata el fallecimiento de Juan Tábara, así como que tanto él como su compañero de travesía nadaban con relojes con dispositivos GPS. La lancha fue devuelta ya a sus propietarios tras la inspección ocular realizada por la Guardia Civil, lo que permitió su salida del puerto de Sanxenxo con destino a la nave en la que se custodia.

La embarcación pertenece al equipo de competición Tuentichu, radicado en Sanxenxo, que participa en pruebas de la clase Endurance, cuyo calendario incluye una carrera la próxima semana en la localidad malagueña de Benalmádena.

 

 

 

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