Kiosco

La Opinión de A Coruña

La vieja cárcel de A Coruña acumula pintadas y sigue sin vigilancia tras más de tres años

El Concello, que no multó al Estado por el deterioro, pidió guardias en febrero u Las administraciones llegaron hace un año a un “pleno acuerdo” para que el edificio sea municipal, que se está renegociando

Uno de los grafitis nuevos sobre el arco de entrada a la cárcel, y uno antiguo en la puerta. | // VÍCTOR ECHAVE

Sin mantenimiento ni proyecto de rehabilitación y con las conversaciones entre Estado y Concello que podrían darle un futuro sin novedades desde hace un año, la única pintura nueva sobre la fachada de la antigua cárcel provincial de las cercanías de la Torre es la de los grafiteros, que siguen dejando sus firmas en un edificio que lleva sin vigilancia más de tres años; el Ayuntamiento la puso brevemente tras el fin del uso por Proxecto Cárcere, antes de devolver la gestión al Estado en febrero de 2019. El Concello reclamó hace cinco meses al Estado que pusiese guardias para evitar entradas y desperfectos, pero, aunque la sociedad que gestiona el edificio ha tapiado los accesos, el concurso para vigilar la infraestructura sigue en evaluación cinco meses después.

Los grafitis añadidos en los últimos meses, que se suman a los acumulados durante años sin que nunca se borraran y a los desperdicios del suelo, se pueden encontrar sobre la arcada de entrada, que da al Paseo Marítimo, en las paredes exteriores que dan al parque cercano y en la valla semiderribada que todavía permite el paso a un patio lateral.

Dentro de las puertas y ventanas tapiadas, continúa el avanzado deterioro del edificio, que el actual Gobierno local considera que necesitaría 30 millones de inversión para revertirse. Pero el Estado, actual propietario, ha descartado una rehabilitación, y el Ayuntamiento, que aspira a la propiedad, no pondrá una inversión “encima de la mesa” hasta que se realice el traspaso, en palabras de la alcaldesa, Inés Rey. Pero este tampoco tiene plazo.

La parcela fue originalmente del Concello, que la cedió en 1925 para construir una cárcel a condición de que revirtiese cuando acabase su uso penitenciario. La prisión cerró hace más de dos décadas, aunque se mantuvieron actividades de inserción social hasta 2009. Cuatro años antes, el entonces alcalde Francisco Vázquez acordó con el Estado recibir la finca y el edificio pagando 1,2 millones de euros.

Tras su asunción del Gobierno local en 2011, el popular Carlos Negreira defendió que la reversión debía ser gratuita, algo que también asumió el Ejecutivo de Marea Atlántica. Pero, tras un periplo judicial de años, una sentencia del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia, firme ante la falta de recurso municipal, determinó que el Concello tenía que pagar en noviembre de 2020.

En ese momento ya se encontraba en María Pita el actual Gobierno local socialista, que inició conversaciones con el Estado que ninguna de las partes hizo públicas. No fue hasta la apertura del concurso para dotar al edificio de vigilancia que la sociedad gestora reveló, entre la documentación, que había habido un “pleno acuerdo” en mayo del año pasado para realizar la transferencia, que se preveía formalizar “de inmediato”, según publicó LA OPINIÓN.

Renegociación en secreto

De acuerdo con la alcaldesa, el Ayuntamiento mantiene abiertas las negociaciones, ya que aspira a una quita en los 1,2 millones que debería pagar. El Ministerio del Interior ha confirmado a este diario que las negociaciones siguen sin cerrarse, y ni unos ni otros han revelado los detalles.

El BNG, que reclama la devolución gratuita de la cárcel y que el Estado pague su rehabilitación, pidió el viernes de la semana pasada al Concello una copia del “borrador del último convenio” que haya propuesto el Estado. Según fuentes del grupo nacionalista, a día de ayer no habían recibido respuesta.

Los ‘Ártabros’ se lavan el óxido


El Concello ha iniciado trabajos para restaurar el conjunto de esculturas Ártabros, dedicado a los antiguos pueblos prerromanos de la comarca y levantado por el artista Arturo Andrade en 1994 en las proximidades de la Torre. De acuerdo con el Concello, a lo largo de la semana pasada se limpió el óxido de las piezas, que representan a una mujer, un marinero y un guerrero, y se rehabilitaron pernos metálicos que habían sufrido desperfectos. En las próximas semanas los trabajos, realizados por un equipo de restauradores dirigidos por la conservadora Iria López, se centrarán en sellar las fracturas que presenta la figura femenina. Además, en las próximas semanas se trasladará a dependencias municipales la obra Gran Guitarra, que representa a este instrumento en metal y también se encuentra en las cercanías de la Torre, para estudiar cómo realizar trabajos de restauración. La pieza, realizada por Pablo Serrano, homenajea al pintor Pablo Picasso.

Compartir el artículo

stats