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Paquetes entre colonias y boletos

Cada vez más negocios de la ciudad compaginan su actividad con la de punto de recogida de paquetes: “No es por dinero, es por visibilidad, para que la gente entre y conozca la tienda”

Una empleada de la tienda de informática Full Time, con un paquete VICTOR ECHAVE

En la trastienda de estos negocios se mezcla el stock propio de su actividad comercial con un huésped cada vez más habitual en sus estanterías. Casi tan pronto como entran en sus tiendas, salen de ellas. Se trata de paquetes, cajas, sobres y otros embalajes de diversa naturaleza que encuentran entre sus paredes ese lugar de confianza para aquellos propietarios que raramente están en casa. El “no estoy en casa, déjamelo en el bar de al lado”, de toda la vida, pero profesionalizado y organizado de manera que el cliente no tiene que estar preocupado por el estado de su pedido. Antes, uno entre mil. Ahora, el escenario habitual en estancos, tiendas de electrónica o administraciones de lotería en todos los barrios. El beneficio, cuentan, es para todos. “Es una forma de hacer una venta cruzada. El que viene a por el paquete, igual también te juega la primitiva, cuenta Estrella del Mar.

Su administración de la calle Juan Flórez, Meiga Dourada, es célebre por haber entregado algún que otro premio cuantioso, pero debe parte de su popularidad entre los vecinos del barrio a su condición de punto de entrega. No todos los que escogen su establecimiento para dejar algún paquete se hacen con un boleto o unas chuches, pero, calcula Estrella, los pocos trastornos de compaginar ambas actividades compensan por el montante final. “El 100% de gente que viene a por paquetes no se lleva algo, pero si lo hace el 80%, aunque deje un euro o dos, ya compensa”, revela la responsable de la administración de loterías.

Maite Valcárce, de la perfumería Zahara. | // VÍCTOR ECHAVE

“Te aseguras de que la gente entre en la tienda y vea los productos”


El sistema es sencillo. El cliente escoge, en una aplicación, el punto más cercano a su vivienda o centro de trabajo, de forma que ausentarse cinco minutos una vez recibe la notificación de entrega no resulte una interrupción exagerada de la rutina diaria. A algunos se les cruza la oportunidad en el camino, — “A nosotros nos lo ofrecen desde la asociación de Loterías”,—, otros ven en compartir la actividad un filón para, aseguran, “que la gente me entre en la tienda”. Es el objetivo de José Manuel del Río, dueño de la tienda de electrónica e informática Full Time, de San Andrés. Su propósito, como punto de entrega y recogida de paquetes, no es económico, sino propiciar que la gente ponga el ojo sobre su género.

No en vano, los pequeños negocios de electrónica son unos de los más perjudicados por la irrupción en los hábitos de compra hacia plataformas como Amazon, con el que es fácil caer en el clásico “todo a un click” que tanto daño hace al pequeño comercio. Esta quizás es la gran paradoja de este nuevo modelo dual de negocio: los pequeños comercios han sabido aprovecharse del cambio en el modelo de consumo que, en muchas veces, condena al sector. “Haces que vengan a la tienda. Igual no vienen pensando en eso, pero mientras esperan, ven que tienes un cable, un pendrive que les hace falta, y aprovechan y lo cogen. Al final, toda ayuda es bienvenida para que la gente conozca la tienda”, comenta el propietario del negocio. Los inconvenientes, asegura, son mínimos. “Al final es un pick and pack, no te trastorna. Afortunadamente o no, nunca tenemos cola”, bromea.

Estrella del Mar, en la administración Meiga Dourada. | // CARLOS PARDELLAS Marta Otero Mayán

“Si quien viene a por el paquete se lleva algo más, ya compensa”


Aunque esta doble actividad es cada vez más habitual en todos los comercios, hace no mucho había que buscar a conciencia para encontrar quien se hiciese cargo de los pedidos hasta que llegasen sus dueños. Cuando Ángela Feal puso su copistería de Vereda del Polvorín, Telecopy, a disposición de las empresas de mensajería, pocos eran los que hacían uso de este servicio. Si hace memoria, todavía recuerda los inicios de la actividad. “Fuimos de los primeros. Empezamos con una empresa, Kiala, que vino y nos ofreció hacerlo. Tuvieron la idea, entre varias personas, de realizar envíos muy económicos de tienda a tienda. Les dijimos que sí. Empezamos con poco volumen de paquetes, dos o tres a la semana”, recuerda Ángela. Eso fue hace diez años. Después, la empresa UPS, atraída por el sistema, absorbió a Kiala e implementó el método. Ahora, a Telecopy llegan paquetes con el sello de Amazon, UPS, GLS o Celeritas. De dos o tres paquetes semanales en los comercios a 60 o 70 diarios en las temporadas más altas. “Fuimos incorporando más y más porque a veces es el propio cliente el que te dice que pide por DHL, entonces ya te pones en contacto. Muchos nos han conocido a raíz de ser punto de recogida. No pagan mucho por paquete, pero si uno viene con el niño igual le coge un boli, te preguntan por el material escolar o hacen una copia del DNI. Al final, la suma es más que los céntimos por paquete”. asegura.

La de compartir ambas actividades es una opción elegida por negocios de toda naturaleza. Los más numerosos entre las opciones que puede seleccionar el comprador son los estancos, diseminados por todos los barrios, pero entre el catálogo de preferencias pueden encontrarse tiendas de informática, copisterías, ferreterías, tiendas de ropa e incluso perfumerías. La pretensión de visibilidad es también la de Maite Valcárce, propietaria de la perfumería Zahara, en Juan Flórez, que desliga su objetivo como punto de entrega y recogida del de sacarse un dinero extra al final del mes. “Cuando decidí ponerlo fue con ánimo promocional. Publicidad pura y dura. Te aseguras que la gente entre y se fije en los productos, que vea la tienda. A nivel económico es insignificante”, comenta la propietaria de la perfumería.

Ángela Feal, en el almacén de su copistería, Telecopy. | // CARLOS PARDELLAS

“Muchos nos conocieron por ser punto de recogida”


Normalmente, estos intermediarios reciben alrededor de 10 o 20 céntimos por paquete custodiado, si bien hay otras fórmulas contractuales con determinadas empresas de mensajería, que aseguran un volumen de ingresos algo más estable derivado de esta actividad. En contrapartida, el comerciante que pone su negocio como “lugar seguro” para salvaguardar las entregas está sujeto a obligaciones laxas, como cumplir el horario. Los trastornos aparecen en las épocas caracterizadas por un gran volumen de compras, difícilmente asumible para los almacenes de pequeños comercios destinados a albergar un stock acorde a su tamaño.

“Yo en época de rebajas o black friday he tenido que cerrar el servicio en varias ocasiones, porque esto es horrible”, revela Maite Valcárce, crítica, no obstante, con el modelo de compraventa online que está arrasando con el comercio local de las ciudades. Una tendencia cuyas consecuencias, asegura, no tardarán en asomarse a corto plazo. “No creo que sea beneficioso que haya crecido tanto la compra online. El comercio de la ciudad tiene su encanto y ahora se está perdiendo”, lamenta.

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