07 de agosto de 2018
07.08.2018
Baloncesto

La vocación puede a la pasión

El capitán Ángel Hernández deja el Básquet Coruña después de seis años para preparar el examen MIR: "No creo que sea compatible con el deporte profesional"

07.08.2018 | 01:30
La vocación puede a la pasión

"Oh capitán, mi capitán, con el ocho a la espalda", le dijo el pequeño Luis a Ángel Hernández, que acababa de anunciar su despedida del Básquet Coruña para centrarse en su otra carrera. Tras terminar sus estudios de Medicina, este año preparará el MIR (examen para médico interno residente), lo que ve totalmente incompatible con el deporte profesional -estudia de siete de la mañana a siete de la tarde-. Una decisión pospuesta durante las últimas tres temporadas y una prórroga a la que la vida, a modo de bocina, ha puesto punto y final. Terminan seis temporadas en las que el jugador ha sido base, alero, escolta y capitán del equipo naranja y en las que ha dejado huella no solo dentro de la cancha, sino también fuera de ella por sus valores de trabajo, esfuerzo, humildad y respeto. "El baloncesto me ha enseñado muchísimas cosas: a trabajar duro, a sufrir, a ganar y a perder. Pero lo más importante, a ser buena persona y disfrutar de cada momento sin importar las piedras que te pongan en el camino. En esta vida todo tiene un final y solo depende de ti que ese final sea bueno", subrayó en su adiós.

El ya excapitán del Leyma se presentó ayer tranquilo a la rueda de prensa, con un papel en la mano y bien arropado por numerosas personas del club, entre ellos el jugador Larry Abia, que le sucederá en la capitanía. Franqueado por el vicepresidente Juan Carlos Fernández y por el directivo Alberto Méndez, inició su discurso de despedida en el que consiguió evitar la emoción. Le costó más cuando dos niños de la cantera, Luis y Eva, le leyeron sus cartas. "Has sido un ejemplo como persona, jugador y compañero", le dijo el primero. "Aunque te vayas siempre vas a estar con nosotros, en nuestras vidas y en nuestros corazones. Estamos seguros de que vas a ser un médico excelente", le deseó la segunda. Otras tres integrantes de las categorías inferiores del club le entregaron un cuadro con sus estadísticas a lo largo de sus seis temporadas y finalizó el acto con un vídeo recordando su paso por A Coruña. "Habéis ido metiendo el dedo en la herida hasta que lo habéis conseguido", se quejó Ángel Hernández entre risas y lágrimas.

Esto es un ejemplo de lo que ha supuesto para el Básquet Coruña la figura del jugador almeriense. "Nunca se había hecho algo así", aseguraba Fernández. Y es que el capitán impresionaba tanto dentro de la pista, el rey de los intangibles, con su gran trabajo defensivo, sus triples en los momentos decisivos y entradas a canasta imparables; pero también se supo hacer querer fuera de ella por su forma de ser, por estar siempre atento a las necesidades del club, de los compañeros, de la cantera. Y sobre todo fue un ejemplo por su capacidad para compaginar el deporte profesional, con todas las exigencias que conlleva, con la carrera de Medicina. Estudiaba en los viajes, en el bus de camino a los partidos, e iba a entrenar directamente después de haber hecho una guardia en el hospital. Ahora es su vocación la que le ha llevado a tomar una decisión "muy meditada" y "la mejor para todos".


"En el examen MIR, como en todo en la vida, aspiro al máximo, y eso me parece que es incompatible con el deporte profesional, no rendiría ni en un campo ni en otro. Estos años he sacrificado mucho, tiempo con mi familia, mucho sueño, estudios, vacaciones... por pensar muchas veces antes en los demás que en mí y creo que es hora de que eso cambie", comenzó su explicación en la que también recordó cómo han sido estos seis años. "Llegué por primera vez en agosto, me bajé del coche en tirantes, porque venía de Almería y lo primero que pensé es que me iba a hacer falta una chaqueta", bromeó. "Si alguien me dice en ese momento todo lo que iba a vivir aquí no me lo creo. Vine siendo un niño con 21 años y dejo el club habiendo sido el capitán los últimos años, con la carrera ya terminada y con mi futura mujer aquí de la mano", continuó.

Hernández se refirió al sueño de la ACB. "Yo ya no lo voy a cumplir, por lo menos como jugador", aseguró y pidió al club, del que ha sido testigo de su crecimiento a la par que el suyo propio, que siga con su esfuerzo. Dio las gracias, desde a su familia, que le dejó marcharse a perseguir su sueño pese a que eso significaba separarse cada vez más de ellos; a sus compañeros, ya que se lleva un par de amigos para toda la vida; a su agente Saúl; a todo el club; a la afición "no os podéis ni imaginar de lo querido que me siento en A Coruña"- y a su novia Raquel por ser su apoyo constante en todo este tiempo. "Estoy seguro de que dentro de unos años ninguno me recordará por lo que he hecho dentro de la cancha". Porque para él es más importante lo que hizo fuera: "Tenemos una posición privilegiada para transmitir ideas a la gente, sobre todo a los más jóvenes. Somos el ejemplo a seguir de muchos de ellos y como tal tenemos la responsabilidad de transmitirles estos valores y ser conscientes de que cada gesto cuenta". Y así se fue Ángel Hernández, humilde como cuando llegó. El pequeño Luis lo tiene claro: "Capi forever".

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