21 de octubre de 2012
21.10.2012
La Opinión de A Coruña

Un soplo de autoestima

Los blanquiazules cuestionan su superioridad a un Barcelona que al cuarto de hora ya ganaba por tres goles y terminan por encerrarlo en su área en un partido en el que siempre atacaron

21.10.2012 | 02:00
Álex Bergantiños, en el momento de rematar a portería en la jugada del segundo gol. / carlos pardellas
Un soplo de autoestima

Resulta inútil preguntarse si el plan hubiera dado resultado sin saber si se llegó a poner en práctica en algún momento. Sucede lo mismo en el caso de que se posea la más mínima sospecha de que saltó por los aires antes incluso de empezar a desarrollarlo. Por eso quizá el Deportivo debería fijarse en los errores que ha venido evidenciando desde que comenzó el campeonato y no en los que cometió ayer ante el Barcelona, que no obstante fueron los mismos que podría haber mostrado cualquier otro equipo de la competición con aspiraciones similares a los blanquiazules ante el desempeño futbolístico de los de Tito Vilanova. También en todas las sensaciones que recuperó a una semana de visitar al eterno rival, a pesar de lo adverso del resultado y de que ya son cuatro las derrotas consecutivas.

Ayudó al Barça la candidez defensiva de los deportivistas, que apenas transcurrido un cuarto de hora ya marchaban con tres goles en contra en el marcador que al final se convertirían en definitivos, lo que no impidió que volviesen a regalar mucho del trajín que los caracterizó al comienzo de la Liga y también adivinar parte del plan que Oltra dijo tener preparado para frenar al conjunto culé.

Los goles iniciales de Jordi Alba, Tello y Messi, sin embargo, fueron una losa demasiado pesada para levantar ante un equipo como el azulgrana, preciso en el manejo del balón y hábil como nadie en la utilización de los espacios, aunque ayer fuera menos riguroso en la colocación de sus futbolistas de lo que tiene acostumbrado.

Sucede que el Deportivo todavía no ha terminado de ajustar el entramado defensivo y por momentos quedó a merced de la imaginación de los centrocampistas azulgranas. A falta de Xavi, en el banquillo al comienzo, el compás del juego del equipo de Vilanova lo llevó Cesc Fábregas, que a la primera ocasión desnudó las carencias blanquiazules. Un pase entre las dos líneas que ayer posicionó Oltra más cerca que nunca de su área para entorpecer a los culés le sirvió para habilitar a Jordi Alba, quien al igual que el balón se plantó en el área de Aranzubia sin oposición para cuestionar el planteamiento deportivista.

Tello se encargaría tan solo cinco minutos más tarde de constatar las debilidades de la defensa local con el segundo. Toda la zaga basculó hacia el centro, incluido Ayoze por la izquierda, que ayer sustituyó a Evaldo, prevenidos quizá de la querencia azulgrana por concentrar el juego en esa zona. Ocurrió sin embargo que ayer Vilanova situó a jugadores con mayor tendencia a utilizar la banda. El esfuerzo de Zé Castro por corregir en el último instante el error de su compañero no sirvió para evitar el segundo mazazo visitante, agrandado nueve minutos más tarde por el disparo de Messi desde la frontal.

Fue entonces cuando el Deportivo comenzó a parecerse a lo que Oltra había estado preparando durante la semana. El técnico había exigido paciencia para sobrellevar la mayor posesión de la que iba a disfrutar el Barcelona y atrevimiento en la anticipación para aprovechar los robos de balón.

Ahí aparecieron Marchena y Álex, atentos y concentrados a partes iguales para sostener a un equipo por entonces hundido. Por primera vez además pudo verse una mayor compenetración entre la velocidad que proponen Pizzi, Bruno y Riki y la pausa característica de Valerón. Ayudó que las transiciones fueron más cortas y que tampoco se vio ese déficit en la conducción que en ocasiones limitó el ataque de los blanquiazules.

Se fue tan arriba el Deportivo cuando ya había logrado reducir la desventaja que, en un córner peleado en el área por Abel Aguilar, Álex se encontró el balón en la frontal para acercar la remontada con la ayuda de Víctor Valdés.

Otro pase de Cesc, de nuevo a la espalda de la defensa y de nuevo con la connivencia del centro del campo, colocó a Messi en una situación franca para batir a Aranzubia.

Quedaba toda una segunda parte a la que Pizzi con su magistral gol de falta y la expulsión de Mascherano se encargaron de suministrarle un interés del que inicialmente carecía. La ambición deportivista se diluyó con la entrada de Xavi y el mayor control que éste le aporta a los culés. Aún se verían dos goles más y al Deportivo acorralar a los azulgrana en un partido que por encima de todo puede servir para elevar la moral y mantener la autoestima blanquiazul intacta.

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