21 de abril de 2019
21.04.2019
Deportivo12Extremadura

El Dépor sigue despeñándose, Riazor se harta

La caída libre no tiene fin y ya ve lejos el play off de ascenso. El equipo, paralizado y desconectado, elevó el nivel de un Extremadura más que correcto. Pudo llegar el empate, pero la suerte tampoco le acompañó  

21.04.2019 | 18:36

Ni le ayudan ni se ayuda. La caída libre del Dépor continúa y coge velocidad con una nueva derrota en Riazor ante el Extremadura, un conjunto que la pasada temporada fue doblegado por el Fabril en Abegondo. El equipo, en una involución infinita, volvió a hacer bueno a cualquier rival que pase por su casa. Por momentos, ni compareció y cuando sí lo hizo, se ahogó en sus propias miserias y en la mala suerte, que no le acompañó en varios remates, uno de ellos al palo. La grada ya no tiene fuerzas para soportar tanta ignonimia. Va de pitada en pitada, mientras duda del posible efecto Martí y pide explicaciones al palco. El play off de ascenso parecía un premio menor hace unas semanas y ahora ya se vislumbra lejano. Menos mal que ya superó la barrera de los 50 puntos.

El Dépor vaciado ante tal crisis de fútbol y de resultados eleva a sus rivales. Tiene mérito su racha y su momento, pero no dejaba de ser el Extremadura su contrincante esta tarde. Ante sus ojos aparecía como si fuese un múltiple campeón de Europa. Un miedo que acrecentó esa timidez patológica con la que entra últimamente a los partidos. Toca la puerta y pide permiso. La alineación de Martí tampoco ayudó. Conservadora. Desterraba a Mosquera y sentaba a Christian. El bandazo tiró por donde menos se esperaba con un cambio de sistema incluído. Lo único claro de la apuesta es que quería rodear mejor y centrar a Edu Expósito. Eso lo consiguió, poco más. Con Quique desasistido, el Dépor navegaba o más bien naufragaba entre el modelo de toque de Natxo y el más vertical de su nuevo técnico. Se quedaba a medias y con una salida más sucia de balón por el miedo de los centrales y el empecinamiento en alinear a Didier Moreno. Todo dudas y enfrente un equipo modesto, pero crecido y con las ideas claras. Como era lógico y ante este panorama, fue el Extremadura el que mandó, a pesar de jugar en un estadio campeón de Liga.

El gol de Olabe plasmaba sobre papel la notoria superioridad azulgrana. Daba gusto ver jugar al equipo de Manuel, que ha hecho de entrenador y psicólogo del grupo. Justo lo que necesita el Dépor. La jugada de la diferencia, la del 0-1, desnudó también la indolencia de los coruñeses. Entre Marí y Caballo le hicieron un pasillo. La misma actitud defensiva del resto del primer acto. El Extremadura maniobró como y cuando quiso a lo largo y ancho del terreno de juego, se colocó muchísimo mejor que su rival.

El tanto empujó por pura vergüenza al Dépor a intentarlo con un poco más de ahinco. Le costó, no sabía. Solo Borja Valle se estiraba con la ayuda de Edu Expósito. La banda derecha era un cuadro. Impotencia. Pudo empatar, no lo merecía; a veces parecía que incluso no quería. Naufragando. Todo, entre los pitos de Riazor, que hace ya mucho tiempo que se cansó.

Martí volvió a la casilla de salida tras el descanso. Recuperó a Christian y sentó a Vítor Silva. Adiós a masticar un mínimo las jugadas, el técnico quería ganar metros como fuese. Por un momento el Dépor pareció animarse, Riazor tenía ganas de creer. Cesaron los pitos y empezó tímidamente a rugir. Quique estuvo a punto de marcar en un remate en escorzo, Didier la mandó al palo con todo a favor. Ni esa. Pocos méritos hacía el equipo coruñés y cuando se atrevía a intentarlo, ni siquiera le acompañaba la suerte. La desgracia se redondeó con el segundo tanto visitante haciendo de dique ante una remontada. Los visitantes prácticamente no conocían el campo contrario en el segundo acto y se encontraron con el único fallo sonrojante de Dani Giménez en toda la temporada. No sale nada. Ese balón se le escurrió al gallego, también al equipo cualquier posibilidad de victoria. Riazor no se lo recriminó a él, con el resto sí que seguía despachándose a gusto. 0-2. El Extremadura asaltaba la banca.

Martí pronto movió de nuevo el banquillo y tiró de un Fede Cartabia que, ofuscado, abusó en exceso de la conducción. Es cierto que los problemas físicos le han lastrado, pero su temporada es para hacérsela mirar. Ínfima, alejadísima del rol esperado. Aún así, es complicado de entender que un inocuo Pedro Sánchez le adelante una y otra vez en las preferencias de más de un entrenador. Uno de los múltiples expedientes X de este equipo. Otro es la titularidad de Didier Moreno por delante de un Mosquera, al que nunca se le premia tras un partido meritorio, y la decisión del técnico de no recuperarlo hasta el minuto 68. El colombiano, peleado con la pelota, fue un lastre, un caramelo para la presión ideada por Manuel. Solo dos acciones sueltas de Pedro ya demostraron la irracionalidad de la decisión. Si algo le va a salvar al Dépor en esta situación extrema es su calidad y los buenos jugadores, los del desequilibrio y el buen trato de balón, siguen en el banquillo. No es el momento de decisiones a medias ni graduales. O se sube en marcha o el final de temporada va a ser un infierno. Ya lo es.

Riazor se desahogó en los últimos minutos, mientras el Dépor, paralizado, lo seguía intentando. No estuvo lejos de empatar y quizás lo mereció, pero tras meses en caída libre, la gravedad de la situación no merece ponerle salvedades. El Dépor se desintegra, castigando día sí y día también a su gente. Uno de los peores equipos de Segunda, sino el peor ahora mismo. ¿Hasta cuándo?

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