18 de agosto de 2019
18.08.2019
Deportivo32Oviedo

Una genialidad de Christian Santos evita el desastre

VAR, amago de remontada ovetense y traca final... Riazor se estrena a lo grande en esta Liga en un duelo en el que el Dépor mostró todas sus imperfecciones y también buena parte de sus cualidades. Mucho que mejorar

18.08.2019 | 20:32
Una genialidad de Christian Santos evita el desastre

El Dépor se pasó todo el verano engordando su nómina de delanteros. A uno lo rescató del Málaga, a otro lo tuvo que esperar semanas y semanas hasta que le cuadrase su hoja de cálculo. Y finalmente fue el que se quedó en casa, el patito feo de esta pretemporada en ataque, Christian Santos, el que le libró de una pesadilla, el que evitó la tragedia ante el Oviedo. El Dépor acababa de tirar por el retrete un duelo en el que se había mostrado superior, aunque por momentos excesivamente imperfecto, discontinuo e incluso permisivo con su rival. El equipo asturiano, casi con la bandera blanca en la mano, se había colado por una rendija para amenazar hasta el empate y, por suerte, llegó un tanto de 'nueve' puro para poner Riazor patas arriba. El venezolano vio venir un balón tendido frontal y su control orientado y posterior remate a bote pronto crearon un gol y una victoria de la nada. Un killer, mucha dinamita, justo lo que ha demostrado tener un Dépor al que le queda un mundo para ser un equipo redondo.

Anquela decidió no tocar de entrada el once victorioso del Teresa Herrera. Daba confianza a los que tutearon a un equipo de superior categoría y, de paso, les empujaba a volver sus propios pasos. El problema es que el Oviedo no era el Betis y la Segunda no es la Primera. La formación blanquiazul tuvo que exponer, debió llevar en muchas fases el peso del juego, y así le costaba mucho más. Fue un punto superior el grupo de Anquela, pero el escenario planteado hizo aflorar en muchos momentos del primer tramo las virtudes y los defectos de un grupo en formación.

El encuentro era de baja intensidad, casi de pretemporada en su arranque. El Oviedo pedía permiso para jugar, para ser protagonista. Más que ganar un partido, parecía querer ganar tiempo. Y eso que el Dépor en algunas fases de los primeros minutos 45 minutos estuvo invitándole a plantarse en su cocina. Ni así. El equipo coruñés jugaba un tanto atrancado, se nota que lo que le gusta es correr, cabalgar, los espacios, pero su condición de grande y en un escenario como Riazor va a tener que dominar muchos más registros, saber pausar, mezclar. Ahí gana peso la figura de Gaku, un futbolista diligente en el robo, cómodo en la circulación, que parece estar varios peldaños por encima de la categoría, pero que necesita que Aketxe sea menos discontinuo para dar nutrientes al juego interior blanquiazul, para asociarse. Los Borja son demasiado verticales. Piezas por engarzar.

Aun así, el Dépor encontró pronto el premio y lo hizo en torno a Koné, el epicentro de casi todo lo bueno que le ocurrió al equipo coruñés en los primeros compases. Cual gacela, arrancó y terminó por empujar a la red un rechace de Herrero a disparo de Borja Valle. 1-0. El VAR rescató al equipo coruñés de un asistente con exceso de celo y le puso intriga al primer tanto del año en Riazor.

El gol destensó al Dépor y empujó al Oviedo a adquirir un protagonismo en el partido que casi nunca había deseado. Se asomaba el conjunto asturiano con excesiva facilidad por el área coruñesa, al Dépor le era imposible defender y crecer con la pelota. Se aculaba y lo pasaba mal de una manera innecesaria. Ortuño bajaba balones cómo y cuándo quería, la pareja de centrales estuvo algo endeble. Aun así, en alguna contra opositaron los blanquiazules a hacer el segundo. La diferencia al descanso seguiría siendo mínima.

El inicio de la segunda parte presagiaba peligro para el Dépor. El Oviedo no quería, pero le invitaron tanto que salió de la caseta algo más decidido a intentarlo. Subió líneas, quiso darle velocidad a la pelota. Los fallos coruñeses hacían el resto. Un duelo individual perdido por Álex desembocó en una contra en la que Lolo disparó al muñeco, a Dani Giménez, con todo a favor. Parada de reflejos. El meta se creció, el Dépor también, hasta hacer cumbre.

Siete minutos más tarde, Koné recibía de espaldas, Álex hacía de intermediario y el francotirador Aketxe se cebaba en la diana. 2-0. Riazor festejaba el primer misil a la red del vasco y se disponía a vivir una tarde plácida y feliz. Eso creía. Tardaría aún un poco en darse cuenta de que todo era una ensoñación de verano. Pero antes de que llegase el primer golpe, tuvo tiempo de asomarse con facilidad al área visitante en busca del tercero. Lo tuvo, lo dejó escapar. Un entonado Aketxe, Caballo... Muchos lo intentaron. Nada. Y, finalmente, una fatalidad acabó dando vida al Oviedo.

El rechace de Somma supuso recortar distancias y, de paso, abrió el cajón de las inseguridades del Dépor. 20 minutos de sufrimiento. El Oviedo había prácticamente entregado la cuchara, estaba más cerca el 3-0 que el 2-1, pero esa jugada le dio vida e hizo que al Dépor le temblasen las piernas. Ya estaba cometiendo fallos en los repliegues, en la cobertura y en la salida de balón con un Álex muy errático y, con la ola carbayona subiendo, el tsunami parecían inminente. Y descargó. Obeng remataba a placer y solo en el área pequeña el 2-2. La defensa del Dépor se abría como las aguas del Mar Rojo. Quedaban diez minutos y hasta peligraba el empate. La pesadilla no tenía fin.

Anquela había sido conservador con los cambios, a pesar de su equipo estaba con la lengua fuera. Pero en cuanto vio que ya no había remedio, empezó a poner pólvora sobre el terreno de juego. Primero Longo, luego Christian Santos. La salida de Koné le restaba recorrido al equipo, que ya se encontraba únicamente a merced de un balón colgado o largo. Y ahí emergió la figura de Christian Santos, el héroe de la tarde, el goleador por sorpresa. Riazor estallaba tras un genialidad-zarpazo. La grada sigue desconfiando, sabe que hay mucho que mejorar, pero es consciente de que su equipo tiene dinamita y bien se merece un alegrón después de los últimos meses. La Liga se estrena a lo grande en Riazor.

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