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El Dépor se presentaba en A Malata como un equipo débil y al primer golpe cayó sin remedio. Y lo que es peor no se le vio ni atisbo de levantarse. Aguantó el embarullado intercambio de los primeros compases sin ser ni mucho menos inferior, no tuvo eficacia y al mínimo revés ofreció la cuchara, se entregó a un destino marcado. La derrota le recuerda sus carencias, le hace olvidar de manera definitiva el ascenso y le espeta su realidad: librarse de la caída a la cuarta categoría. Mañana puede caer a descenso si gana el Pontevedra y le esperan en las próximas semanas tres rivales con el colmillo afilado. Un drama, otro.

La primera victoria de la era Rubén de la Barrera, la primera en dos meses, merecía una apuesta por la continuidad y el técnico no lo dudó. Ahí seguía el 4-3-3 con Lucho, con Villares junto a los discutidos Borges y Uche, y también se mantenía Rayco como falso nueve. La banda era para Lara, el rescatado, el goleador de hace una semana. Pero ya desde los primeros minutos era evidente que no iba a ser un duelo como el de hace siete días. Tocaba fajarse en las disputas, en las segundas jugadas, en las presiones arriba. Competir para, en algún momento, disfrutar de ocasiones, de una hipotética victoria. Las posesiones y el sometimiento a partir de la pelota, que es lo que anhelan siempre estos dos técnicos, quedaba para otro día.

El equipo verde comenzó algo mejor, más cómodo, aunque sin excesos. Tampoco le temblaba el pulso si Diego Rivas tenía que pegar un pelotazo para buscar, preferentemente, a Peñaloza. A Joselu apenas se le vio, mal presagio para los locales. Las mejores aproximaciones eran los saques de esquina. Mucha escaramuza, poco tangible.

Poco antes del ecuador, el Dépor empezó a crecer, no tanto como le gustaría, no de la forma que desearía. Pero ganaba balones, se aproximaba con más jerarquía al área local y hasta empezaba a disfrutar de oportunidades. La mejor, una de Héctor Hernández que obligó a Rivas a fajarse abajo en la base del poste. Uche también lo intentó con un cabezazo. Fueron dos o tres minutos que cambiaron el sentido del duelo, aunque en todo caso lejos de suponer un vuelco al panorama.

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El Racing estaba cada vez más incómodo y los blanquiazules recuperaban mejor, lanzaban jugadas con apariencia de mayor peligro. Casi marca Raí y Rayco estuvo también cerca de estrenarse en una jugada en la que reclamó penalti. Igualdad, ligero color coruñés, dentro de un cambio de tendencia. Llegaba el descanso.  

El paso por los vestuarios dejó ya en los primeros minutos un Racing que mostraba otras hechuras. Tampoco era un cambio profundo y rotundo, pero daba la sensación de que los verdes iban a estar más respondones. El Dépor seguía con la guardia a medias, sin ser inferior, pero tampoco arrollando, ni haciendo excesivos méritos para llevarse el duelo. Todo muy tenue.

Y justo una acción decisiva, el acierto rescató a uno de los dos contendientes. Buena apertura de Álex López y Pep Caballé tuvo toda la eficacia que le faltó a los coruñeses en el primer acto para cruzar un balón largo, inalcanzable para Lucho. Borja Granero, cada día más pequeño, le facilitó la maniobra con su escasa contundencia. 1-0 y se acabó, aunque quedase más de media hora. Como en la primera vuelta le ocurrió al Dépor, ahora era al Racing el que un tanto le libraba de esa maraña en la que se habían metido ambos. El Dépor caía a un pozo del que todo el mundo sabía que no iba a salir. No está para tales dispendios.

Tardaron en llegar los cambios y cuando se produjeron tampoco le dieron un vuelco al duelo. El equipo coruñes estaba a años luz de marcar, veía la meta de Diego Rivas con prismáticos. Solo esperaba que le salvase de la quema un jugada a balón parado o un rechace y a punto estuvo de conseguirlo. Rayco se entretuvo al rematar, Beauvue, inútil con balón, también falló, esta vez de cabeza con toda la portería para él. Centró tanto el remate que al portero local le dio tiempo a saludar a cámara antes de hacer la palomita. Ni para eso. El duelo murió con otra derrota para el Dépor, con un desenlace ante el que fueron incapaces de rebelarse. Ahora aparece ante sí otra amenaza, el descenso. ¿Podrá esquivarlo?