29 de mayo de 2019
29.05.2019

Denuncian la tala de más de 100.000 árboles en el corazón de A Limia

Colectivos ecologistas preparan una querella ante la Xunta por la corta en 110.000 metros cuadrados de zona protegida de la antigua Lagoa de Antela en Ourense

28.05.2019 | 20:57
Árboles apilados tras la tala realizada en terrenos de Medio Rural.

La antigua Lagoa de Antela, en Ourense, acaba de sufrir, 61 años después de su "discutida e inservible" desecación, "otro brutal ataque", según vecinos de A Limia y grupos ecologistas. Denuncian una tala de más de 100.000 árboles en una superficie de 110 hectáreas propiedad de la Consellería de Medio Rural y zona de protección financiada con fondos de la UE del programa 'Regenera Limia'. Ante los daños al ecosistema, en zona protegida por tener la avifauna más importante del norte de la península que anida en la zona, varios colectivos preparan una denuncia

Colectivos ecologistas como la Sociedade Galega de Historia Natural, Amigos da Terra y Ríos Limpos, entre otros, preparan una denuncia ante la Xunta por lo que consideran un "nuevo atentado natural" en el corazón de A Limia (Ourense), concretamente en una superficie de 110.000 metros cuadrados en el canal de la Lagoa de Antela, terrenos propiedad de la Consellería de Medio Rural.

Los denunciantes advierten de que estos "estragos y tala de árboles" „estiman que son más de 100.000 ejemplares, a razón de 1.100 por hectárea de terreno„, "se producen en una zona protegida con cargo al programa europeo Life Regenera Limia, y además en un área declarada Zepa (Zona Especial de Protección de Aves) y por tanto refugio de mamíferos y con la colonia ornitológica más importante de todo el norte peninsular, según los expertos.

Los colectivos pedirán en el escrito que están preparando ante la Xunta que expliquen los motivos de este nuevo ataque a una zona ya deforestada y en una de las comarcas más deterioraras ambientalmente con proliferación de cianobacterias. Por este motivo, en su momento se consiguieron ayudas de la Unión Europea para plantar en la zona árboles, por su capacidad de funcionar como filtros verdes contra la contaminación y protectores de aves, fauna y de los propios cultivos agrícolas. Explican los denunciantes que, si bien inicialmente se plantaron en especial pinos y luego eucaliptos, "la zona protegida, al no intervenir la mano del hombre, se fue autorregenerando", la naturaleza buscó de nuevo su espacio hasta convertirse en un rico hábitat de especies arbóreas, muchas de ellas autóctonas de bosque como los robles. Además, en los últimos días junto con los árboles ya talados que fueron transportados, se desconoce a qué destino, se ha procedido a quemas in situ, lo que ha supuesto, afirman los ecologistas, un ataque a la microfauna y contaminación ambiental. Todo ello en época de cría de fauna "y con un tipo de gestión que sería delito en el resto de Europa", señalan.

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