06 de junio de 2019
06.06.2019

El campo gallego deja de ser un refugio de la crisis y pierde casi un 20% de ocupados

El sector destruye 14.700 empleos en año y medio || Había ganado 17.100 entre junio de 2015 y septiembre de 2017 || Cuatro de cada diez trabajadores son mujeres

05.06.2019 | 21:38
Un agricultor trabaja en un campo de patatas.

Durante la crisis, el rural gallego se convirtió en un refugio para los trabajadores expulsados de los otros sectores, sobre todo de la construcción. Esta fue la principal causa de que el número de ocupados se incrementase casi un tercio, y no, que necesitase más mano de obra como ocurre con los servicios o la industria, según aseguran los agricultores. Pero el sector ha dejado de ser ese refugio para los que se quedan sin trabajo y con la tímida recuperación económica ha perdido casi un 20% de sus trabajadores.

El sector primario en la comunidad ganó 17.100 empleos nuevos en casi dos años. Un 28% más. En marzo de 2015 trabajaban en esta actividad 61.200 personas. En el tercer trimestre de 2017 eran 78.300, una cifra similar a la que había a finales de 2012.

"Una parte muy importante de las personas que fueron a trabajar al sector de la agricultura procedían de la construcción que volvieron temporalmente ante el difícil panorama de encontrar trabajo y también por el desmantelamiento del sector público", reconoce Roberto García, secretario xeral de Unións Agrarias.

El empleo en la agricultura gallega tocó techo en el tercer trimestre de 2008 cuando trabajaban 102.500 personas. El suelo se alcanzó a principios de 2015 con solo 61.200. Es decir, 41.300 menos, o lo que es lo mismo un 40% menos.

En la época en la que el sector sumó 17.100 empleos más Roberto García asegura que no hubo creación de empleo nuevo en el rural. "Fueron los que retornaron a la casa de sus padres o hermanos debido a que no encontraban trabajo en otros sectores. Hubo casos concretos de gente joven que sí creó nuevos empleos, pero fueron casos aislados", ratifica García. En ese periodo, el empleo en la agricultura de la comunidad llegó a encadenar seis trimestres de subida. Desde los 61.200 de mediados de 2015 a los 77.400 de finales de 2017.

Pero con la tímida recuperación económica, el campo gallego ha dejado de ser un refugio para los que no tienen trabajo, y en año y medio casi se ha destruido el mismo número de empleos que se había creado. Entre septiembre de 2017 y marzo de 2019, el sector ha perdido 14.700 trabajadores, el 18,7% del total, hasta los 63.600, según los últimos datos de la Encuesta de Población Activa (EPA). Por el contrario, a nivel nacional se ha producido un incremento del 8% en el mismo periodo.

Seis de cada diez trabajadores del campo gallego son hombres (39.100), mientras que los otros cuatro (24.500) son mujeres. Las 24.500 mujeres es la cifra más baja desde principios de 2016. Con respecto al tercer trimestre de 2017, los varones bajaron un 19% y las mujeres, un 17%. De los 14.700 empleos que se han perdido, el 65% son hombres y el 35%, mujeres.

Por provincias, A Coruña cuenta con el 33% de los ocupados en el sector primario; Pontevedra, con el 31,1%; Lugo, con el 28,4% y Ourense, con el 7,3%. Las cuatro provincias se han comportado de diferente forma en el último año. A Coruña ha perdido el 15% de su fuerza laboral en el campo; en Lugo, el 8,5%, y en Ourense, el 2%. Por el contrario, ha crecido un 5,8% en Pontevedra.

Hasta el pasado mes de marzo trabajaban en la agricultura 21.000 personas en A Coruña; 19.800 en Pontevedra; 18.100 en Lugo y 4.700 en Ourense.

Además de por la recuperación económica, Roberto García achaca la caída del último año a la avanzada edad de los dueños de las explotaciones -un tercio supera los 55 años- y al empeoramiento de las condiciones de vida en el campo. "Tenemos unos titulares de las explotaciones muy envejecidos sin relevo generacional. Por lo tanto, según van llegando a la edad de jubilación son explotaciones que por tamaño y falta de relevo van cerrando", explica.

Y por otra parte, hay "un empeoramiento de las condiciones de vida en el rural tanto en lo económico, pero sobre todo en el desierto de servicios públicos que dejó la crisis y que por lo tanto no está siendo atractivo vivir en el campo porque es ser un ciudadano de segunda en servicios públicos, educativos, sanitarios o de acceso a internet".

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