11 de noviembre de 2014
11.11.2014
A CORUÑA

La revolución educativa ya está aquí

Robótica o ábaco empiezan a formar parte del programa de actividades extraescolares de muchos centros y profesores se reciclan en una apuesta por la tecnología abierta

11.11.2014 | 01:09
Rubén Fernández, en una primera clase sobre robótica. la opinión

Estamos en el siglo XXI, internet ha cambiado el mundo, se tambalean las ideologías... pero en las aulas sigue "la educación prusiana, separación por edades, por filas y columnas, mirando al frente, pasivos ante un profesor", cuenta Rubén Fernández, un profesor de Secundaria que dejó la enseñanza clásica y apostó por un modelo que crea niños motivados, creativos, a los que les gusta aprender mientras se divierten, y abrió Liceo Ártabro en Betanzos. "El sistema educativo español mata la creatividad", ha declarado Iván Cuende, un joven de 18 años que se ha hecho famoso al convertirse en el mejor hacker de Europa con 16 años, ser un genio de la informática y el software libre, montar empresas a su edad... y dejar los estudios.

El cambio en la enseñanza tradicional ya está aquí aunque muchos se resistan. La Asociación de Padres de Alumnos del instituto Miraflores de Oleiros es un ejemplo de que la revolución ha llegado a la educación. Ni patinaje, ni inglés, ni esgrima, ni música o danza. El APA acaba de aprobar por unanimidad una oferta de actividades que incluye: iniciación al ábaco, aprender a estudiar, aprender a hablar en público... y robótica. "Nos lo ofertaron al APA, era novedoso y nos impresionó. De otras actividades además ya hay mucha oferta y todos los padres lo apoyaron", destacan desde el APA del Miraflores. También en el instituto Neira Vilas de Oleiros han introducido la robótica como actividad extraescolar, que imparte el Liceo Ártabro que dirige Rubén Fernández.

"El sistema educativo actual tiene entre otros problemas que todos los niños aprenden lo mismo en el mismo momento. En Primaria el niño aprende y disfruta, llega a Secundaria y se convierte en un pequeño burócrata, el objetivo es la nota, ya no disfruta, no importa el contenido. La enseñanza académica está totalmente paralizada por la burocratización y el exceso de alumnos, no se pueden tener treinta en un aula, no te puedes adaptar al alumno. El alumno no aprende hasta que logras despertar su interés, eso es lo que hay que conseguir", explica Rubén Fernández, un profesor de Física y Tecnología que apuesta por la tecnología abierta.

En sus clases los niños aprenden a hacer circuitos electrónicos, a crear robots, a imprimir en 3D, a instalar sistemas operativos abiertos, programación, pero sobre todo a pensar y divertirse. "La tecnología que nos venden es un circuito cerrado, a los dos años tiras el producto, cuando aún es totalmente útil. Con la tecnología abierta no pasa eso", añade.

Este domingo se celebró en la Domus de A Coruña la Feria de Tecnología Abierta, un evento que cada vez despierta más interés y que mostró desde drones hasta impresoras 3D o robots. En las redes también se puede constatar la presencia de una organización comunitaria, Brico Labs, que semanalmente pone en contacto a personas que diseñan, construyen y prueban todo tipo de aparatos y gadgets.

"Nació de un sueño para mejorar la educación formal con nuevos modelos didácticos para todas las edades, para propiciar un cambio real y útil".

Ésta es la filosofía del centro psicopedagógico Motiva CEV, situado en Alfredo Vicenti en A Coruña. Es otro ejemplo de enseñanza diferente, menos formal, que oferta actividades que fomentan la estimulación mental, la atención, la memoria y la motivación, tanto en niños como en mayores, un auténtico "fitness mental".

Este centro es el que oferta clases para aprender a hablar en público (algo habitual en centros de Estados Unidos) y de ábaco para alumnos del Miraflores de Oleiros pero también en otros muchos de la comarca.

La tarea ahora es cambiar el chip a los niños, que no salen del videojuego y el móvil, y sobre todo a los padres, que desconfían de esta enseñanza no reglada. "Los padres se van abriendo, les llama la atención, pero les cuesta cambiar de rutina. Por ejemplo, en un centro que ofertamos robótica solo se anotó un alumno", señala Rubén Fernández.

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