31 de diciembre de 2017
31.12.2017
IRIXOA

"Los políticos votaron que sí a todo lo que les pedimos en el pleno, pero no hicieron nada"

El alumnado del colegio Virxe da Cela fundó una asociación en defensa del rural que ha presentado mociones en los ayuntamientos y tomado la palabra en el Congreso

31.12.2017 | 01:11
Los alumnos del Virxe da Cela que forman parte de la asociación Sono Rural y del proyecto Monfero Solidario.

"Pedimos que nos presten más atención, sabemos más de lo que parece", advierten

Han hecho de sus pupitres, trinchera. El alumnado del Virxe da Cela podría impartir un máster sobre la progresiva despoblación de las aldeas. Y es que la crisis del rural tiene su reflejo en las aulas de este colegio que aglutina a los niños de Irixoa y Monfero . Los escolares relatan que su colegio llegó a albergar en el pasado a casi medio millar de alumnos. Ahora son 140.

El alumnado de este pequeño colegio aspiran a ser el revulsivo de Irixoa y Monfero, los brotes verdes que revitalicen sus aldeas. Han fundado la asociación de desarrollo sostenible Sono Rural y desde sus pupitres han dado más de una lección a los políticos. Una de las alumnas, Ariadna, tomó recientemente la palabra en el Congreso para exigir una educación de calidad en el rural. "Me puse un poco nerviosa al principio", confiesa. No era para menos. Con 11 años, esta alumna de primero de ESO se encaró con los políticos: "Nosotros asumimos nuestra responsabilidad. ¿Y ustedes", interpeló desde el atril.

Comparte con sus compañeros esa vena reivindicativa. A través de la asociación Sono Rural presentaron sendas mociones en pleno en mayo de 2016 para reclamar mejoras que contribuyan a fijar población en las aldeas: Velar por unos precios justos para el sector lácteo, fomentar las cooperativas, rehabilitar el patrimonio cultural y natural, habilitar programas de asistencia a los mayores o garantizar el acceso a internet de calidad fueron algunas de las peticiones que recabaron el sí unánime del plenario.

Su proyecto Monfero Solidario les ha valido el primer premio de la Fundación Vicente Ferrer para el desarrollo. En una de sus reuniones de trabajo, el alumnado y la coordinadora del proyecto, Yolanda Castro, conversan con LA OPINIÓN sobre las carencias de sus pueblos, sus necesidades y sus propuestas. A la pregunta de qué pedirían a los políticos, no dudan ni un instante.

-Que nos presten más atención, más recursos -resume Arianda.

-Sí, porque sabemos más de lo que parece -añade Marta.

Sus primeros contactos con la política no han sido del todo satisfactorios. Algunos afirman sentirse "decepcionados".

-Propusimos muchas cosas en el pleno y todos votaron que sí pero no han hicieron nada y los acuerdos se tienen que cumplir. Solo nos pusieron un parque infantil: un balancín un columpio y poco más. Nos dijeron que sí a todo para dejarnos contentos" -lamenta Marta.

La necesidad un precio justo para la leche no es algo que les suene de tertulias de radio o de los titulares de prensa. Saben lo que es trabajar duro y recibir migajas. Los padres de Rubén F., Rubén R. y Álex tienen explotaciones ganaderas y el alumnado del colegio contribuye a dar voz a las reivindicaciones del sector a través del proyecto a A vaquiña polo que vale.

-Tenían que valorar más los recursos -destaca Rubén

-Había que dejar de producir para que se den cuenta de la falta que hace -apuesta Marta.

No es fácil dar con la solución a los problemas del rural, admiten.

-Es complicado, porque cada vez hay menos gente que quiera hacer trabajos manuales y muchas veces las empresas se cargan el medio, habría que buscar un equilibrio. Deberían promover más el turismo, por aquí viene muy poca gente. El otro día vi pasar a veinte personas cerca de mi casa y me quedé flipado -sostiene Hugo

-Sí, tenemos muchas zonas bonitas que no se conocen -destaca Álex.

La lista de problemas del rural es larga. "Los eucaliptos chupan el agua, han secado los pozos", incide Daniel. "Y no se restaura, hay muchas casas abandonadas", añade Marta.

Todos tienen claro que, pese a las dificultades, no quieren abandonar sus pueblos. "Nos gustaría quedarnos aquí. No es lo mismo este aire que el de la ciudad", destaca Ariadna. Ella y el resto de sus compañeros defienden la educación que reciben en el centro:

-Hay gente que vive a veinte metros de aquí y que va al colegio de Betanzos porque cree que va a tener mejor educación y no es cierto -sostiene Marta.

-Las relaciones aquí son más familiares -afirma Álex.

-Y no hay catering, la comida es con productos de la zona -apostilla Hugo.

-Mi primo está en un colegio más grande y me dice siempre que nosotros tenemos más ordenadores y que hacemos muchas más excursiones. Mi primo siempre dice que mi cole es mejor -afirma Andrea.

Su participación en distintos proyectos, dicen, ha sido vital para dotar de recursos al centro. "Si no hiciésemos tantos proyectos no tendríamos tanto material, pero con los premios compraron ordenadores", explica Marta. Su implicación ha sido una tabla salvavidas. "Si no fuese por todas las actividades que hacemos ya nos habrían cerrado el colegio", afirma Ariadna.

Un desenlace que, advierten, no están dispuestos a permitir.

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