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Joaquín Rábago

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Joaquín Rábago

La industria de los transgénicos cabildea con fuerza en Bruselas

Aprovechando las situaciones difíciles en Europa creadas por la interminable guerra de Ucrania así como las graves consecuencias del cambio climático, la industria de los transgénicos cabildea con fuerza en Bruselas.

Un destacado número de científicos europeos que trabajan en el sector biotecnológico propugnan una rápida desregulación de las nuevas técnicas de ingeniería genética, según denuncia el Observatorio de la Europa Corporativa, una ONG que sigue de cerca a los lobbies activos en la capital comunitaria.

Lo más preocupante es que muchos de esos científicos “tienen intereses bien directos bien indirectos”, que ellos mismos no revelan, en la comercialización de plantas y semillas, critica un nuevo informe sobre ese cabildeo en la capital comunitaria encargado por el Grupo de Los Verdes/Alianza Libre Europea.

El 25 de julio de 2018, el Tribunal de Justicia Europeo dictaminó que todos los productos derivados de las nuevas técnicas de “edición genética” como la bautizada CRISPR (1) al igual que los organismos genéticamente modificados han de ser objeto de regulación.

El objetivo de los lobistas es precisamente convencer a políticos y eurodiputados de la conveniencia de autorizar cuanto antes la comercialización de plantas y animales sometidos a esas nuevas tecnologías.

En abril del año pasado, el Observatorio reveló a la opinión pública la existencia de una campaña de cabildeo perfectamente coordinada para la consecución de ese objetivo a cargo de tres organizaciones científicas de la UE.

Se trata de la Organización Europea de las Ciencias de las Plantas (EPSO, por sus siglas en inglés), la Red Europea para Agricultura Sostenible mediante la Edición del Genoma (EU-SAGE) y la Federación Europea de Academia de Ciencias y Humanidades (ALLEA).

Pero el nuevo informe hecho público por Los Verdes europeos analiza con mayor profundidad los intereses comerciales que condicionan la labor científica de muchos de los que trabajan en esas organizaciones.

Entre las conclusiones del estudio hay que destacar las siguientes: hasta un 64 por ciento del grupo de trabajo de EPSO dedicado a las tecnologías agrícolas y un 32 por ciento de los miembros de EU-SAGE y que cabildean a favor de desregular tienen un interés personal en la comercialización de plantas genéticamente modificadas.

Un 38 por ciento de los miembros del grupo de trabajo sobre Tecnologías Agrícolas de la EPSO y un 23 por ciento de los miembros de la red EU-SAGE son poseedores de una o más patentes o han solicitado ya patentes relacionados con productos genéticamente modificados o con los procesos para su obtención.

Un 53 por ciento de los miembros del grupo de trabajo de EPSO y un 15 por ciento de los de EU-SAGE han participado en uno o más proyectos de investigación con la industria agroquímica. Y muchos de ellos ocupan alguna posición o tienen acciones en empresas de semillas o de biotecnología.

Según Nina Holland, investigadora del Observatorio de la Europa Corporativa, “mientras las industrias de los pesticidas y las semillas cabildean intensamente en contra de los intentos de reducir el empleo de pesticidas, las mismas compañías presionan a la Comisión Europea para que acelere un plan destinado a desregular las nuevas tecnologías de manipulación genética”.

Lo cual significa “renunciar a todas las pruebas de seguridad alimentaria y el derecho a elegir de los consumidores”, agrega Holland, según la cual los más activos en ese sentido son investigadores con interés personal en los productos de esas nuevas tecnologías como los de la plataforma EU-SAGE, financiada entre otros por la fundación de Bill y Melinda Gates.

Claire Robinson, codirectora de la organización GM Watch y coautora del informe, advierte de que los consumidores europeos deberíamos tomarnos muy en serio esos intentos de desregulación.

Según Robinson, los lobistas emplean términos engañosos como “organismos cultivados con precisión”, oportunamente denunciados por un grupo de noventa científicos y expertos internacionales tanto por “sus consecuencias socioeconómicas” de las patentes como por sus “posibles efectos sobre la salud humana y el medio ambiente”.

(1) Los conocidos en inglés como CRISPR son familias de secuencias de ADN en bacterias, que contienen fragmentos de ADN de virus que han atacado a las bacterias.

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