Dejemos atrás el partido gris ante Japón, un partido lleno de trampas. Quizá nadie fue consciente de que podíamos quedarnos fuera del Mundial, estábamos más pendientes de qué era mejor, ganar o perder, para así poder evitar el posible cruce con Brasil, pero la realidad que vivimos durante cinco minutos nos llevó a revivir pesadillas como las del pasado donde España quedaba fuera a las primeras de cambio.

Pasado el susto, aquí en España tenemos en el entorno un mar de dudas y Twitter con las teclas cargadas por lo que pueda ocurrir ante Marruecos.

Hoy enfrente nos vamos a encontrar una selección muy diferente a todas con las que nos hemos medido hasta ahora, donde la velocidad de sus atacantes nos obligará a tener algo más de cuidado y precisión a la hora de atacar y donde tomarán protagonismo nuestras vigilancias, sin olvidarnos de los equilibrios que vayamos a tener por detrás del balón.

A priori, no deberíamos de tener problemas para controlar el partido, quizá en la zona de la medular es donde está la mayor diferencia entre las dos selecciones.

De esta forma, España tratará de imponer un ritmo donde se sienta cómoda y donde el número de pérdidas sea mínimo, dificultando así la posibilidad de que los marroquís usen una de sus mayores armas, las transiciones.

En sus transiciones cobran importancia nombres propios, la de sus dos laterales, Hakimi y Mazraoui, y cómo no, la de En-Nesyri, pero el principal canalizador de estas acciones suele ser el atacante del Chelsea Ziyech, con un guante en su pierna izquierda.

Confiamos en ver la mejor versión española y que al término del partido las esperanzas y expectativas de todos los españoles vuelvan a estar en lo más alto.