Pazo de Meirás La recuperación, a debate

Una visita sin menciones al dictador, solo a Franco

Una mujer con una niña que paseaban por la zona y dos periodistas, únicos visitantes al pazo en la reapertura tras un mes con el teléfono desconectado

31.08.2017 | 11:51
Avisos en el acceso al recinto del pazo de Meirás.

Una vecina de Sada y una niña saharaui en acogida veraniega que paseaban frente al pazo de Meirás en el momento de su apertura y dos periodistas que cubrían el acto fueron las únicas personas que visitaron ayer a la mañana el monumento. Todas acudieron sin cita previa. No había ni una sola reserva para visitar el Bien de Interés Cultural a pesar de que la familia Franco había alegado que mantenía inoperativo el teléfono de citas en agosto porque ya estaban cubiertas las vacantes.

Se trataba del primer itinerario público tras anunciar la Fundación Francisco Franco que asumiría la gestión y que utilizaría las visitas para exaltar la "grandeza" del dictador. El itinerario, más breve de lo habitual debido al asalto reivindicativo del BNG, permitió comprobar la escasa huella que se conserva de Emilia Pardo Bazán en su antigua residencia. Un busto, unos escudos nobiliarios, el rostro del Quijote esculpido en chimenea - "su libro favorito"- y alguna de sus obras en la biblioteca, eso sí, en la "de Franco". Esos fueron los únicos rastros de la condesa que salieron a relucir durante el itinerario.

El encargado de las visitas explicó a las cuatro espontáneas visitantes que muchas de las posesiones de doña Emilia fueron devoradas en el voraz incendio de 1977. Conforme avanzaba el recorrido, la presencia del dictador se hacía predominante. Al enorme busto de Franco y sus "trofeos de caza" del hall le seguían una escultura de dimensiones más reducidas de Carmen Polo, retratos familiares colgados en el segundo de los salones y, por último, la "biblioteca de Franco". "Es toda de su época", recalcó el guía, que mostró a continuación un cuadro del Caudillo "cuando pasaba revista a las tropas que salían de África".

Pero, ¿quién era Franco?. El visitante hallará pocas respuestas en el itinerario por la que fue su residencia de veraneo. Ni una sola vez salió a relucir el término dictador. Solo Franco: Un hombre con unas dotes artísticas alabadas por su médico, desvela el guía y muestra un cuadro de flores de vivos colores. De su pasión por la caza sobran las muestras: animales disecados y calaveras que ocupan casi una pared. Cada una con su placa en recuerdo del año de la cacería. Y sus libros, entremezclados con obras de doña Emilia encuadernadas en piel. Otras de Pardo Bazán "fueron donadas por Carmen Polo", explica el guía. Apenas se perciben signos de vida entre muebles de otros tiempos. Solo una televisión de plasma y una estufa totalmente fuera de lugar en la recargada biblioteca.

La visita acabó pronto. El resto de las estancias, incluida la torre de la Quimera, quedaron fuera de este itinerario por el pazo de los herederos del dictador en el que tampoco se aclaró cómo fue adquirido.

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