Hay profesionales que dejan huella, Jerónimo Forteza fue uno de ellos. Ejerció una gran influencia en los lugares en los que trabajó y particularmente en los Hospitales Universitarios de A Coruña y de Santiago. En el primero fue jefe del Servicio de Anatomía Patológica desde 1973 hasta 1985 y director gerente a principio de los años ochenta. En Santiago fue jefe del Servicio de Anatomía Patológica y catedrático de Anatomía Patológica desde 1985 hasta su jubilación en 2011. Posteriormente se trasladó a Valencia, dónde continuó trabajando como director del Instituto Valenciano de Patología y de la Unidad Mixta de Patología Molecular de la Universidad Católica de Valencia.

Sin duda sus compañeros de especialidad recordarán estos días los logros que consiguió y la impronta que dejó como patólogo asistencial e investigador. También lo harán los que participaron con él en las tareas de gestión que desarrolló a lo largo de su fructífera carrera. Por mi parte, como médico clínico me gustaría que fuera debidamente recordado por lo que considero fueron sus virtudes como médico hospitalario en un sentido más amplio: su visión a la vez generalista e interdisciplinar, su capacidad mentora, su vocación docente y su generosidad para participar y cooperar en todo tipo de proyectos poniendo siempre su capacidad aglutinadora y su entusiasmo al servicio de objetivos comunes que generaran conocimiento y añadieran calidad y excelencia a la labor asistencial.

Entendió que la Anatomía Patológica, sin perder su papel central en el proceso clínico, debería acompañar a las especialidades en su proceso de profundización en campos específicos de conocimiento, pero sin perder nunca una visón general del paciente y de los procesos fisiopatológicos subyacentes a la enfermedad. Esta manera de concebir el trabajo conduce inevitablemente a la interdisciplinariedad entre los clínicos y entre los patólogos. Un ejemplo de ello fueron las sesiones anatomoclínicas hospitalarias generales que promovió siempre con entusiasmo y acierto.

Una de sus cualidades fue conseguir que su vocación docente se plasmara en una gran capacidad como mentor para los Médicos Internos y Residentes de cualquier especialidad, a los que transmitía exigencia , dedicación y disponibilidad, pero siempre con buen talante y buen humor. Quienes tenían talento y capacidad de trabajo obtenían de él un apoyo total para el desarrollo de su carrera profesional y en muchas ocasiones su amistad personal. Estoy seguro que también consiguió eso con sus alumnos de Medicina en la Universidad de Santiago.

Siempre he pensado que un equipo es algo más que un grupo: es un grupo que coopera. Él también participaba de esa idea y, además, lejos de limitarse a su servicio concebía a la totalidad del hospital como un equipo y, probablemente, eso fue lo que le motivó para hacerse cargo de la Gerencia del Hospital Universitario de A Coruña.

Cuando se afirma que no hay nadie insustituible o difícil de sustituir, profesionales como Jerónimo Forteza son una demostración ejemplar de lo erróneas que son esas aseveraciones. A partir de ahora somos muchos los que vamos a echar de menos su curiosidad, sus ganas de enseñar y aprender, su capacidad de trabajo y su vocación de servicio por una Medicina de calidad, virtudes que, me consta, ejerció hasta el final.