17 de octubre de 2020
17.10.2020
La Opinión de A Coruña

La lucha de Felisardo contra el abandono: "Mi parte la pinto, me niego a vivir en una ruina"

Un matrimonio que reside desde hace más de treinta años en la única vivienda habitada de un edificio de Betanzos combate con color y perseverancia la decadencia del inmueble

17.10.2020 | 01:13
Felisardo Barros, ayer, asomado a la ventana de su casa de Betanzos, la única habitada del edificio.

La casa de Felisardo Barros no pasa desapercibida. Al enfilar la Carretera de la Estación, en Betanzos, poco antes del acceso a la autopista, los ojos se posan irremediablemente en esa vivienda de vivos colores ubicada en el bajo de un edificio gris al borde de la ruina. Hace ya años que este betanceiro, un jubilado del sector de la construcción, se arremangó y pintó de verde (¿esperanza?) y amarillo su parte de la fachada para combatir el abandono. "Yo mi parte la pinto, me niego a vivir en una ruina", apunta y añade: "Por mi parte estaba todo arreglado y pintado, pero aquí cada uno zafó como pudo y yo no estoy dispuesto a que me entre agua en casa, no tenemos otro sitio a donde ir".

El piso en el que vive con su mujer desde hace más de treinta años es el único habitado en este edificio del entorno de As Cascas. La única vivienda con ventanas nuevas y con macetas con flores a la entrada. El propio Felisardo ha pintado el número del edificio en letras rojas y ha reforzado la puerta de entrada con unas placas para disuadir a los intrusos. También ha instalado un buzón junto a la ventana que da a la calle, probablemente el único que aún recibe correspondencia.

No siempre fue así, relata. Cuando se instalaron en el número 11 de la carretera de la Estación casi todos los pisos estaban habitados. "Solo el bajo de al lado estaba vacío", cuenta. Con los años, el inmueble se fue quedando sin vida. Los propietarios del último piso fallecieron hace ya más de una década y la vivienda pasó de hogar a herencia a repartirse entre varios sucesores. Primero fue el silencio, pero poco a poco la falta de vecinos se tradujo en desconchados en la fachada y en ventanas rotas; pero este matrimonio no se rinde. Desde la ventana de su casa, risueño, Felisardo muestra sus macetas, las plantas que dan algo de vida a un entorno gris. Tuerce la cara al ver las manchas que han comenzado a formarse sobre ese alegre amarillo con el reta al abandono. Pronto tocará repintar, dice. Y aguardar a que el resto de propietarios o el Concello muevan ficha.

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