La conocida como Casa do Escudo, una de las más antiguas del casco urbano de Sada, ha cambiado de dueños. Tras casi dos décadas inmersa en un embrollo urbanístico que estuvo a punto de reducir a escombros su centenaria historia, esta edificación catalogada y en avanzado estado de ruina muestra los primeros indicios de un cambio de ciclo.

Los nuevos propietarios han comenzado a apuntalar este inmueble de Sadadarriba para frenar su deterioro y evitar su derrumbe y han tapiado parte de las puertas y ventanas. En la fachada que da a la calle, han instalado un cartel de la empresa Didecón, dedicada al diseño y la construcción, que hace presumir una pronta reforma, aunque de momento la compañía evita aportar datos. Los titulares han adquirido también la parcela anexa, contigua con la iglesia, y han acometido ya labores de desbroce y limpieza.

El Concello de Sada confirmó a este diario que la casa tiene nuevos dueños, que comunicaron ya su intención de realizar las medidas de apuntalamiento y seguridad requeridas reiteradamente a la anterior empresa propietaria.

Víctima del ladrillazo

La historia de la Casa do Escudo es la historia del desaforado urbanismo de los tiempos de la fiebre del ladrillo en Sada. La edificación, que se conserva en pie a duras penas y que quedó encajonada entre modernos bloques de viviendas, forma parte del ámbito urbanístico más complejo de Sada: la Unidad de Ejecución 8, la única que el plan general aprobado en 2017 deja en suspenso.

Casa do Escudo

Los residentes en esta urbanización inacabada de Párroco Villanueva reclaman desde hace años una solución a las graves carencias y anomalías del ámbito. Fueron precisamente los vecinos los que salvaron a la Casa do Escudo de la piqueta al movilizarse contra el Gobierno de Ramón Rodríguez Ares, que cuestionó el valor de la vivienda y abogó abiertamente por su descatalogación. El cambio de Gobierno local en 2006 deparó finalmente un indulto para este inmueble y también el primer rayo de esperanza, con la apertura por parte del bipartito de un expediente a la promotora. El requerimiento tuvo escasos resultados en la práctica y la edificación prosiguió su silenciosa e imparable declive. En 2012, el Gobierno de Ernesto Anido anunció su intención de recuperar la casa para usos municipales y cargar los costes a la promotora. También sin éxito.

Años después, en 2018, ya con el Gobierno de Sadamaioría, BNG y PSOE, el Concello abrió otro expediente a la promotora para instarle a presentar un plan de rehabilitación. Tampoco obtuvo resultados. La Casa do Escudo encara una nueva etapa. De momento, con un apuntalamiento de urgencia para que no sucumba. Su futuro sigue en el aire.